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Mostrando las entradas etiquetadas como Relatos propios

Primera noche con Leonor

Hace un instante deje de nadar, se sentía cansado, agotado, la mar estaba algo brava, y había hecho un esfuerzo muy grande, más teniendo en cuenta que había bebido una miaja de cervezas; siendo así, que toda la cuadrilla, para aliviar esa embriaguez leve, se habían ido a la playa, para hacer también más leve el tránsito de las horas, antes que fuéramos a la discoteca. Hace unos instantes, braceando en el mar, empezó a sentir frías sus piernas, agarrotándose sus músculos, la piel le tiraba y unos fuertes latidos de su corazón; pero no había más remedio que mover mesuradamente su cuerpo, para llegar lo antes posible a la playa, ya no sentía ni sus brazos ni sus piernas, pero en medio de su sopor, y dejando de lado a sus amigos, decidió regresar antes que ellos, se sentía mal. Y nada más llegar a la playa, se sentó en el paño de playa, se puso a duras penas su bañador, inspiro fuertemente, echando un trago de unas litronas de cerveza, que aún quedaban, una sensación de alivio, se apoder...

Fin de Semana en la Playa

Yo soy testigo de mis tiempos vividos, no soy de aquellos de mi generación que vivieron la vida como un huracán, y ese huracán se los llevo a golpe de caballo, y es así que mis recuerdos vienen y van, van y vienen. En esta del reposo de la vida, en que se parece a un arroyo que discurre lento en una planicie, sin más deseos que secarse, y servir de aprovisionamiento de una fuente situada en cualquier plaza del mundo. Teniendo casi la convicción de que había tenido un inútil viaje, en mis días de abatimiento, pero también, ¡qué diantres!, de que había vivido una de las épocas más hermosas y terribles, con la finalización de la dictadura de Franco, los primeros albores de una democracia, que ha sido más lánguida y tenue que otra cosa, ilusiones iniciales, que luego se transformaron en terribles pesadillas. A los dieciséis años ya termine mis estudios de bachiller, y ya me di cuenta, junto a mis sabios, que apenas sabía nada, y mucho era lo que debía aprender, pero en esa edad ya apr...

Tarde de fútbol

Tarde de cualquier sábado del año, calles mojadas o secas, de un pueblo pequeño castellano, tardes en las que deseabas terminar de comer, para ir a esa calle, a cualquier calle del pueblo, los pequeños en la acera o en la escalinata de la plaza, esperando la voz de los mayores,  y nos dijeran “entra a jugar, te toca a ti”; y claro, raudo y veloz te lanzabas a la calle o la plaza (algún tropezón hubo por la ansia de jugar), tanta era la ansia de jugar, aunque sólo fuera un minuto, y pisar la arena de la plaza, o el cemento de la calle. En esos tiempo no existían ni clásicos, ni derbis, solo queríamos ser los grandes jugadores que leíamos en un periódico o escuchábamos en la radio, sus grandes galopadas, sus maravillosos regates, sus grandes paradas; y aunque no se lo crean en nuestros oídos sonaba el runrún de un estadio lleno, que jaleaba nuestra entrada en el campo, en espera de un nuevo fenómeno del futbol. Salvo cuando podíamos jugar en la plaza ( era el terreno reservado a...

Sucedió en un McDonald’s

No sé cómo llegue a este final, ni todavía como estas breves líneas, que usted se dispone a leer, de como llegaron a plasmarse en estas hojas virtuales. Quizás al lector de hoy no le interesa más que abrir su Ipad, e ir arrastrando el dedo para circular sobre estos párrafos, escritos al salto de manta, de aquí para allá, sin más delicadeza que raspar mi bolígrafo sobre las servilletas, que ni siquiera he sabido numerar… Mi vida de escritor siempre había sido zigzagueante, comenzando por esas extrañas plazuelas, de cuatro bancos de piedras, alrededor de una estatua repetitiva de un personaje a lomos de un caballo, en el cual me desnivelaba lentísimamente para moldear mi Palabra. También me congratule cobertizos desmantelados, posado siempre en los iniciales peldaños, donde mi Palabra se iluminaba de lujos perdidos. También cuando me duchaba en el la ribera del Manzanares, y mientras secaba la ropa raída y desvencijada, procuraba siempre el rincón, donde existía un pedrusco chato, cualqu...

La Huelga

Rebuscando en las fotos del arcón, que había sacado del cuarto trastero, aparecieron unas cuantas fotos (y eso que siempre que había visto una cámara, había salido corriendo), las lleve hacia mis dedos, y unas dóciles lagrimas cayeron sobre mis mejillas, quizás sí , quizás no.., pero sintiendo que esas tres fotos marcaron una parte de mi devenir en la vida…. Las tres fotos marcaban tres momentos decisivos en mi vida, una era del entierro de la matanza de los abogados de Atocha, la segunda era con motivo del despedido de un compañero despedido del matadero de Madrid (ahora centro cultura, a mayor gloria y loor de un alcalde megalómano), la tercera foto era contra la primera ley que regulaba la vida universitaria, luego vinieron otras….., y la universidad sigue con la misma crisis.. Mi sobrino que estaba viendo un partido de futbol, se acercó hacia mi sillón, al ver esas lagrimas surcar mis pómulos, y al ver esas fotos me inquirió cual era el motivo de esas fotos, y al irle a responderle...

El Inmigrante (Relato humorístico sobre un suceso sin parangón).

Todo esto pudo ocurrir una vez una España de principios de siglo XX, donde la gente abandonaba estas tierras en busca de un mundo mejor, un sitio donde llevarse de comer algo a la boca. Así es que un barco había echa cala en los puertos de Málaga, Cádiz, Vigo y el Ferrol, para luego marchar hacia Argentina, caminito de Buenos Aires. En un momento dado de la travesía, en pleno Atlántico, mando que se desplegasen sobre cubierta los numerosos emigrantes con los que se había equipado, en tanto que pretendía establecer una colonia en plena pampa argentina. Y como era hombre previsor, y para ir ganando tiempo sobre la lenta burocracia, hizo pasar revista, tanto para confirmar los datos, como para entregar un documento a las autoridades argentinas, y así que efectuasen lo más rápidamente posible el empadronamiento de los colonos. Fue preguntando uno a uno, tanto sus nombres, como su origen en la península, y cuáles eran sus preferencias a la hora de trabajar en la colonia, así que uno iba dic...

El Almendro y la Olma

Si ustedes me hubiesen preguntado alguna vez, que es lo que fulge en el baúl de mis recuerdos, van ligados a dos árboles, una olma y un almendro de muchísimas décadas de crecimiento, y a los que la vida les deparo dos muertes crueles. El Almendro fue testigo de mis veranos en casa de mi tía, La Olma fue testigo de mi devenir en mis tiempos infantiles, hasta que un día mude estancia a la capital de la provincia, para cursar mis estudios de bachillerato. Pero aquellos arboles iban a ser mi mejor refugio, ellos me cobijaron siempre, sin preguntarme nunca que quería hacer, siempre estuvieron dispuestos a acurrucarme entre sus brazos, esos árboles nunca me llamaron cuatro ojos. La mayoría de los días, al salir del colegio, y antes de hacer los deberes, iba siempre en su busca, y apañándome como podía subía por su tronco y subir a una rama gordísima, donde me esparrancaba boca arriba y miraba ese cielo azul tan intenso, que me embriagaba todos mis sentidos, quizás por eso sigo paseando por e...

Desplazamiento con perturbaciones

No duraderamente uno puede estar al corriente con meridiana claridad, estar al tanto que deseas en esta vida, pero esa mañana tranquila, mi única inquietud fue echar un vistazo en el muro de mi Facebook, una invitación de un contacto a elaborar un listado con la canciones que más me habían gustado en mi vida, y que tipo de sueños, gozos, deseos, ilusiones; pero solo una aspiración había surgido en esa mañana, así que cerré inmediatamente mi portátil, y me dirigí raudo y veloz a la estación de autobuses para recoger mi billete de autobús destino a Granada, decidí tomar un billete de autobús de ida y vuelta, pero era tal el estado de desvanecimiento, que me obligaba tal deseo, que olvide mis innumerables aparatos tecnológicos, que ocupaban mi bolsín de chirimbolos, solo era presa de una angustia, era coger un asiento vacante, para inundar unas espacios de mi existencia sobresaltada; y renunciando a toda realidad con los espacios que me rodean. ¡Oh Dios!, exclame con alivio, al fondo del ...