El Inmigrante (Relato humorístico sobre un suceso sin parangón).

Todo esto pudo ocurrir una vez una España de principios de siglo XX, donde la gente abandonaba estas tierras en busca de un mundo mejor, un sitio donde llevarse de comer algo a la boca.
Así es que un barco había echa cala en los puertos de Málaga, Cádiz, Vigo y el Ferrol, para luego marchar hacia Argentina, caminito de Buenos Aires.
En un momento dado de la travesía, en pleno Atlántico, mando que se desplegasen sobre cubierta los numerosos emigrantes con los que se había equipado, en tanto que pretendía establecer una colonia en plena pampa argentina.
Y como era hombre previsor, y para ir ganando tiempo sobre la lenta burocracia, hizo pasar revista, tanto para confirmar los datos, como para entregar un documento a las autoridades argentinas, y así que efectuasen lo más rápidamente posible el empadronamiento de los colonos.
Fue preguntando uno a uno, tanto sus nombres, como su origen en la península, y cuáles eran sus preferencias a la hora de trabajar en la colonia, así que uno iba diciendo albañil, otro de carpintero, herrador encontró también, zapateros algunos, tejedoras, porteras, y la gran mayoría jornaleros para las labores agrícolas.
En plena popa, se encontraba un mozo alto, fuerte, bien trajeado con unos pantalones ajustados, y un chaquetilla bien ajustada, y una gorrilla ladeada, lo primero que pensó el patrón era que más que un emigrante (y tenía que serlo), parecía un señorito caído de las estrellas.
Así que la curiosidad del patrón se elevó a grades extremos, se acercó a semejante personaje., y hacer las oportunas preguntas, y saber a qué se podría dedicar persona de tal calibre.
-Buena travesía buen hombre, ¿se puede saber cómo se llama usted?
-De buena gana patrón, me llamo Urbano Delicado.
-Y usted en que piensa trabajar en Argentina.
-Pues está más claro que el agua señor, viéndome usted puede averiguarlo rápidamente, …. Pues voy de poblador, que alguno le hará falta a usted.
Un mueca de ironía se trazó sobre el rostro del patrón, reconociendo que para tal fin, no podría haber hombre más apropiado en todo el barco, y no dudaba que sus objetivos serían cumplidos en Buenos Aires, que es donde le dejaría a tal personaje.

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