El niño zangolotino tumbado en la tumba esta, y sus cabelleras rubias descompuestas están, sacudidas al son del ábrego, y entre lloriqueos exclama “No me riñas mamá, que no hare más barrabasadas”; y las nubes del cielo caminan impasibles, sin importarles los lamentos del zagal. Y te rememoro En una tarde De viento sur, El olor a vela Humedece la pieza; Y tu, madre, ahí en la cama, tan silenciosa, tan seria, tan impasible, tan ajena a todo, y yo te prorrumpo “No me riñas mamá, que no hare más barrabasadas”; y las nubes del cielo caminan impasibles, sin importarles los lamentos del zagal. A la calle voy, revolviendo contenedores de inmundicia, pidiendo dinero también, y cualquiera me extiende la oreja, diciéndome granuja, y cual poseso salgo caminando con temblor, temiendo un chivatazo; y pienso para mí, entre sollozos: “No me riñas mamá, que no hare más barrabasadas”; y las nubes del cielo caminan impasibles, sin importarles los lamentos de...