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Ilustre desconocido

Mi dirijo a ti, mi ilustre desconocido, y aun así te siento cerca de mi, y tu sabes, que no te digo las cosas en vano, y es que siendo parte mi, aunque no seas conocido, en este loco mundo, todo puede pasar. Quiero que guardes para ti, estos pequeños momentos, que disfrutes de la compañía, de ese loco que te escribe y no te conoce, sé complaciente conmigo. y te prometo que caminaremos juntos. Así mis recuerdos, y contigo seguiré hablando  guardare los bellos momentos, no caerán en le olvido, y te confesare mis dudas, mis penas, mis alegrías, y es que a ti debo, que no me sienta solo, guardaremos estos tiempos, gozando con deleite estos breves e intensos momentos. y aunque parezca locura, se que me escuchas. años venideros, nuestros dolores, nuestras alegrías, y en mi memori a

Fin de Semana en la Playa

Yo soy testigo de mis tiempos vividos, no soy de aquellos de mi generación que vivieron la vida como un huracán, y ese huracán se los llevo a golpe de caballo, y es así que mis recuerdos vienen y van, van y vienen. En esta del reposo de la vida, en que se parece a un arroyo que discurre lento en una planicie, sin más deseos que secarse, y servir de aprovisionamiento de una fuente situada en cualquier plaza del mundo. Teniendo casi la convicción de que había tenido un inútil viaje, en mis días de abatimiento, pero también, ¡qué diantres!, de que había vivido una de las épocas más hermosas y terribles, con la finalización de la dictadura de Franco, los primeros albores de una democracia, que ha sido más lánguida y tenue que otra cosa, ilusiones iniciales, que luego se transformaron en terribles pesadillas. A los dieciséis años ya termine mis estudios de bachiller, y ya me di cuenta, junto a mis sabios, que apenas sabía nada, y mucho era lo que debía aprender, pero en esa edad ya apr...

Ir al sur

Perdidos estan mis ojos, mirando el sur,  queriendo ir al sur,  brisas de arboles, al borde de una playa, que adormecidos andan. Parece que el sur anda cantando, cuando llora sus penas, pero sus latidos  se extinguen  como bandadas de aves en éxodo. Camin del mar andamos con mis deseos, del que va  viviendo lentamente. Pero allí quiero estar confundido, y es que su lluvia es una  flor  a punto de abrir; y sus noches no son noches,  sus estrellas iluminan como el sol

Me duele mi tierrra

Esta tierra mía. que tanto me duele. hartas están las manos que cada día levantan, hartos están los dorsos que desean tener durezas; me duele tanta petulancia, me duelen sus palabras huecas, me duelen sus falsas compasiones. Cruel destino de que tanto mezquino se vanaglorie de su mezquindad, de tanto decirnos que esto ira mejor, se creerán sus propias mentiras. No sé si estamos ebrios, o estamos ciegos, o simplemente tenemos miedo, tengo mi sentimientos agotados. Tanto me dueles, que ya ni te reconozco, quizás borracho te entendería. Que misterio insondable cubre nuestros corazones, que insensibles  volvimos, somos avestruces en una vida, que detestamos vivir, andan encendidas las luces rojas de nuestra acumulador de resistencias. Cuanto me dueles, y cuanto me duelen mis dedos escribiendo este amargo dolor

Un Encuentro en el bosque

Mañana fría de un día de noviembre, una desazonada María se encontraba mal, estaba contrariada, una sensación de opresión en su pecho, junto a ese silencio matinal de las primeras horas del día, en que todo empezaba a caminar lentamente en el pueblo; esa vida que un día fue tranquila, hermosa, se había tornado en una pesadilla continua. Y si esa inquietud de su vida, después que terminara la guerra, se añadió que su hijo había salido en compañía de sus amigos, como hacían todos los domingos, en que hacían sus caminatas en los montes aledaños al pueblo. Le preocupaba esos caminos difíciles, angostos, y con escarpadas laderas, y demás peligros del monte, y es que ya pasaba más de una hora, desde que el resto del cuadrilla habría regresado al pueblo. No le llegaban a sus oídos ni lo susurros de las hojas de los árboles, ni el discurrir del cauce del río, que pasaba junto a su casa, solo la turbaba el reclamo de la picaza. Y es que el muchacho, como siempre en compañía de sus amigos de e...

Primer Día de Escuela

Primer día de escuela, él no quería salir de casa, pero su madre, a duras penas, le consiguió acercar a la puerta del colegio, y mi primera vista fue ver un grupo numeroso de niño jugando en el patio, un patio con manchas de arena y hierba; unos echando un partido de futbol unos, otros jugando a los peones. Y en medio de aquel barullo, su madre le acercó a un señor, que luego vio que era su maestro; y allá fue que sintió solo, muy solo, y a pesar de encontrarme en ese enorme gentío para mí; Muerto de miedo, temblaban las piernas, era la primera vez que iba, era la primera vez que estaba entre tantos niños, y cierta zozobra me sacudía. Seguidamente que marchara mi madre, todos los profesores y la chavalería se pusieron en formación militar, alineados por los distintos cursos que había en la escuela, y también los niños y las niñas separados, y todos procedimos a cantar un himno llamado “Cara al Sol”, y eso no hizo más que aumentar mi desazón. Y es así, que yo, Paquillo, muerto de mied...