La tormenta perfecta: una reflexión sobre la actual crisis económica
Ya quedan lejana, casi como en la prehistoria, los años setenta, en que aquel Nixon, en su apogeo de la guerra del Vietnam, toma una decisión de gran importancia para el devenir de estos tiempos, rompe con los acuerdos de Bretton-Woods, donde se sienten las bases del modelo keynesiano , a partir de la siguiente situación.
Durante la Guerra de Vietnam, cuando Estados Unidos enviaba al exterior miles de millones de dólares para financiar la guerra. Además, en 1971 el país tuvo un déficit comercial por primera vez en el siglo XX. Los países europeos comenzaron a cambiar los dólares sobrevalorados por marcos alemanes y por oro. Así, Francia y Gran Bretaña demandaron a EE.UU. la conversión de sus excedentes de dólares en oro. Por tanto, las reservas de Fort Knox, donde está depositado el oro de Estados Unidos, se contrajeron. Como respuesta, el presidente Richard Nixon impidió las conversiones del dólar y lo devaluó (para hacer que las exportaciones estadounidenses fuesen más baratas y aliviar el desequilibrio comercial). Asimismo, Nixon impuso un arancel temporal de 10% y tuvo éxito en forzar a estos países a revalorizar su moneda, pero no en crear un nuevo sistema de tipos cambiarios estables. Es el comienzo de las fluctuaciones monetarias, que se irán perfeccionando con el paso de los tiempos.
Luego empezarían a aflojarse las tuercas del estado del bienestar, con el advenimiento al poder de Reagan y Tatcher, y todos nos pareció en esa época, que iba a ser un periodo transitorio, pero no fue mas que el comienzo de un periodo, que ha sumido ahora al mundo en la época de los avestruces y los buitres, pero antes que nada, aunque sucintamente es preciso especificar con claridad en que consiste este tipo de políticas, y que intentare explicar con un lenguaje fácilmente comprensible para los que se acerquen a la lectura de este escrito.
- El control de la inflación como objetivo central de las políticas económicas. Fundamentalmente, en los años ochenta y noventa, con una política monetaria de altos tipos de interés que ha con- tribuido al desarrollo del sector financiero. Un sector que ha manejado el dinero como en un casino atrayendo hacia él parte de la inversión productiva.
- Desacreditar lo público y extender el mercado sin regulaciones. Junto a la tendencia de desprestigio de lo público ha habido una concepción también muy peligrosa: «La regulación, aunque proceda de decisiones o instituciones democráticas, es rechazable y se ve preferible el libre funcionamiento del mercado». Esto ha llevado a la eliminación de los controles democráticos. El ejemplo más claro lo tenemos en la desaparición, en la mitad de los años setenta, del Sistema Monetario Internacional regulado por los Bancos Centrales y sustituido por un sistema financiero mundial privado sin controles.
- Cambiar las condiciones de reparto de la renta: aminorar el crecimiento de los salarios y reducir los costes laborales en beneficio de las rentas del capital. Esos ahorros salariales se han invertido en productos financieros de alta rentabilidad y, por otro lado, dicho ahorro ha servido para sustituir mano de obra, trabajo humano, por nuevas tecnologías en los procesos productivos.
- Invertir la redistribución de la renta. Cambiar el papel del Estado y de los poderes públicos en la economía. Desde las políticas neo- liberales nunca se ha visto con buenos ojos la labor que el Estado y los poderes públicos deben realizar mediante los impuestos y el gasto público educación, sanidad, etc., y muy particularmente a través del gasto social gasto para ayudar a los sectores del mundo obrero y del trabajo y de la sociedad más débiles o en situación de desventaja.
- Pero en lugar de acabar con el Estado, el poder económico lo ha reorganizado, para que intervenga en la economía, ahora sí, a favor de sus intereses: infraestructuras, ayudas a empresas, reorientación de la educación y la investigación hacia las demandas empresariales, refuerzo de la diplomacia al servicio de los intereses comerciales, etc.
- Introducir la flexibilidad en los procesos productivos para hacer- los más competitivos y mejorar la productividad. Las distintas crisis cíclicas, que la economía de libre mercado ha ido teniendo en estos años, han supuesto un proceso de precarización del empleo y de extensión del mismo.
- Desarticular las posibles respuestas del movimiento obrero ante estas políticas económicas. Y lo han hecho desde el desprestigio de sus organizaciones, desde la desvalorización de la acción política y social. Estas políticas han generado en su seno una importante crisis, así como de sus proyectos sociales. Pero, sobre todo, porque los valores que encierra han calado en la vida de los trabajadores y de los ciudadanos. El sistema económico se ha con- vertido en la manera natural de ser y de vivir. Y esto nos ha dejado sin capacidad de respuesta.
Estas políticas han generado, en las últimas décadas, un peso excesivo de la economía financiera sobre la productiva: una «financiarización» de la economía. Han modificado la función social que esta debía tener para dinamizar y favorecer la producción. Estas políticas han dimensionado el papel de las finanzas generando, fruto de la especulación, grandes beneficios económicos en pocas manos pero sin una repercusión en la creación de riqueza material para el conjunto de la población y del planeta.
En esta economía de libre mercado inmoral, globalizada e impulsada por unas políticas neo-liberales, se ha ido gestando una «tormenta perfecta», que es aquella en la que confluyen varios frentes que de por sí son graves, pero que al confluir generan una situación prácticamente inmanejable. Los factores directos, inmediatos, que se manifiestan en esta crisis son tres:
- El aumento de los precios de los alimentos.
- El aumento de los precios del petróleo.
- El estallido de la burbuja financiera.
Antes de entrar en cada uno de estos factores quisiéramos hacer una reflexión. Si analizamos el número de noticias y comentarios a los que los medios de comunicación, analistas y políticos están dedicando más tiempo, sin duda es al estallido de la burbuja financiera, a la crisis financiera, algo al aumento de los precios del petróleo y casi nada al incremento de los precios de los alimentos. Pero, curiosamente, lo que más afecta a la gente, lo que está matando literalmente a los pobres del planeta, es la dramática crisis alimentaria. La crisis financiera, que también está repercutiendo en las personas, afecta sobre todo al capital. Está claro que esta crisis económica, esta tormenta perfecta, está mirada, y se buscan soluciones a la misma, desde la óptica de los ricos.
El aumento de los precios de los alimentos
Los precios de los alimentos han aumentado de forma constante desde finales del año 2007. Varias son sus causas:
- Países pobres como China, India, Vietnam… con mucha población eran exportadores de alimentos. Pero en la actualidad estos países tienen altas tasas de crecimiento económico, y ese excedente se está consumiendo internamente o destinando a la producción de energía. Por tanto, no exportan y la cantidad de alimentos a nivel mundial disminuye.
- Las malas cosechas en EE. UU. y en Asia, consecuencia de los desastres medioambientales, también han disminuido la oferta.
- Y, por último, el uso de alimentos - como el maíz, la soja, el trigo, caña de azúcar…- para intentar sustituir el petróleo como fuente de energía en los medios de transporte. A estos alimentos se les llama biocombustibles. Alimentos que eran la base de la alimentación de una gran mayoría de habitantes de los países pobres.
Los países ricos e industrializados han encontrado en los biocombustibles una manera de disminuir su dependencia del petróleo. Además, defienden su postura con argumentos muy cuestionados de protección medioambiental. Lo cierto es que, por ejemplo, la Unión Europea, que en la actualidad cubre con ellos el 1% de sus necesidades de carburante, ha decidido que para 2020 alcance el 10%
Eso ha supuesto que muchos países pobres productores de alimentos, pero controlados por multinacionales agro-alimentarias, devasten extensiones de bosque y modifiquen sus cultivos no según las necesidades alimentarias de su población, sino para satisfacer las exigencias de los países industrializados.
Es más, estas políticas de biocombustible, según los expertos, han contribuido a aumentar hasta un 30% los precios de los alimentos. Que los países ricos sigan con su política de biocombustibles es actualmente la máxima expresión de la insolidaridad internacional que prima en las relaciones entre los pueblos.
Por estas causas los precios de los alimentos, en los tres últimos años, han subido un 83%. El problema más importante lo tienen los países pobres que dependen de la importación de alimentos. Los países pobres que compran alimentos son, según la FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura dependiente de la ONU), 82, más de la mitad de los cuales están en África. Estos países suponen casi dos ter- ceras partes de la población mundial.
El resultado de esta evolución es el aumento de la pobreza en los países donde ya es elevada; es decir, donde la capacidad de mucha gente para pagar un precio más alto por sus alimentos es nula o casi nula.
Si los Objetivos del Milenio1 ya se encontraban seriamente comprometidos, esta situación es una verdadera catástrofe alimentaria en muchos países de África, Asia y Centroamérica. Una tragedia para muchas familias trabajadoras de esos países que sólo pueden desesperarse o huir hacia el Norte.
El aumento de los precios del petróleo
- Los precios del petróleo han aumentado de forma sostenida desde 2003 hasta 2006 por la recomposición del frente de países productores (OPEP) bajo el liderazgo del Gobierno de Venezuela. Una posición que enfrenta los intereses de estos países con los de los países más industrializados —que quieren un precio bajo del petróleo—. Esto explica que el Presidente venezolano cuente con el apoyo incondicional de la mayoría de los productores y el rechazo de los países industrializados, con EE. UU. al frente.
Pero en 2007 el petróleo comenzó una escalada espectacular en los precios. La causa principal fue la siguiente:
- Una parte del dinero de los circuitos financieros internacionales se trasladó a los mercados de futuros, en particular al mercado de futuros del petróleo.
¿Qué es un mercado de futuros? Es aquel en el que comprador y vendedor se obligan con un contrato a comprar el petróleo que se produzca en una fecha futura y determinada y con un precio establecido de antemano. Este mercado atrae a muchos inversores y especuladores que en los mercados financieros no estaban teniendo alta rentabilidad. Y lo hacen esperan- do beneficiarse de la evolución del precio del petróleo desde la fecha de la contratación hasta su vencimiento. Es decir, ahora acuerdo la compra de petróleo a un precio que cuando lo obtenga en un futuro fijado, si sigue subiendo, podré vender más caro y obtener beneficio.
Los bróker —los intermediarios que hacen las compras y ventas en bolsa— del mercado de futuros del petróleo consideran que las reservas de petróleo han alcanzado su «pico», es decir, que las reservas nuevas que se van a encontrar tendrán cada vez menos petróleo para ser explotado. Por tanto, al apostar por el agotamiento del petróleo en el futuro, empujan al alza los precios.
- Un aumento de la demanda de petróleo de países con altas tasas de crecimiento (China, India, Brasil…). Países con una gran población que al crecer económicamente han disparado la producción y el consumo y necesitan materias primas y recursos energéticos como el petróleo.
- La conflictiva situación en Iraq e Irán (países con el 20% de las reservas mundiales) alimentaron también la espiral de los precios.
A partir de julio y de agosto de 2008 se produce una importante bajada del precio del petróleo. La causa: la crisis financiera. Al restringirse el crédito y haber menos dinero en circulación, ha disminuido también el destinado al mercado de futuros, a la compra por los especuladores de petróleo.
Pero, a pesar de la bajada, el precio sigue estando actualmente por encima del que tenía antes de la espectacular subida. Y ahí, según los expertos, va a seguir, por encima de los 50 dólares el barril. El motivo es claro, mientras nuestro modelo de desarrollo está basado en un ilimitado proceso de producción y consumo, es un hecho objetivo que estamos asistiendo al final del ciclo del petróleo, que ha durado ya más de un siglo.
En todo caso, los países productores han alcanzado una gran autonomía política con esta serie de años de precios «reales» (porque no es que ahora los precios sean altos, es que antes eran anormalmente bajos), en particular en Latinoamérica (9% de las reservas), también en Noruega (1% de las reservas mundiales) o en Rusia (7% de las reservas). Lamentablemente, en los países de Oriente Medio (61% de las reservas mundiales) las guerras imperiales y sus procesos de reconstrucción para controlar la producción de petróleo los tiene inmersos en la pobreza. Sus clases dominantes al servicio de los países ricos, por un lado, y el fundamentalismo, por otro, tampoco han favorecido su desarrollo.
La crisis financiera
Una crisis que se ha ido gestando a lo largo del tiempo y que ha estallado hace más de un año.
- La punta del iceberg de la crisis financiera. Un relato de cómo ha estallado la gran estafa.
El depredador sistema financiero ha quebrado. La falta de escrúpulos de los distintos sujetos que en él intervienen, la falta de control y la incompetencia de las instituciones públicas lo han favorecido. Aun- que en esa quiebra siempre terminan pagando los platos rotos los que menos tienen: ni responsabilidad ni recursos.
El estallido de esta burbuja financiera lo encontramos en EE. UU., pero, con la globalización, ya se sabe…, todos implicados. A unos bancos ávidos de resultados económicos -sus accionistas y directivos querían más dinero- se les ocurrió la idea de sacarlo endeudando al sector de la población que les quedaba, probablemente, por endeudar: los pobres y precarios del mundo obrero. Familias obreras que necesitaban dinero para comprar viviendas, que al mismo tiempo se encarecían cada día más.
Las hipotecas concedidas se dispararon en número y en el tipo de interés alto -a tener riesgo de no pagarse- Los bancos multiplicaron sus cuentas de resultados a corto plazo. Necesitaron más dinero, que pidieron a bancos de todo el mundo. Pero, como la codicia no tiene límite, vendieron esas hipotecas de alto riesgo, maquilladas, a otros bancos y estos a otros. Nadie controló el riesgo. Unos mintieron, otros no ejercieron controles. Pero lo cierto es que las familias obreras que compraron casas a un valor de locura y que recibieron préstamos de usura dejaron de pagarlas cuando el mercado de viviendas se saturó. Entonces las casas bajaron de precio y la economía dejó de ir bien en EE. UU. Las familias obreras no podían o no querían pagar un préstamo, con intereses elevadísimos, muy por encima del valor de las viviendas.
Los bancos se encontraron atrapados con agujeros de miles de millones de dólares. Todos han mentido a todos. Los bancos no se fían unos de otros y callan sus problemas para que nadie, en todo el mundo rico, saque sus ahorros de ellos. Pero, como no se fían, no prestan dinero a nadie o lo hacen a un interés altísimo y sin riesgos. Las empresas productivas no tienen liquidez y dejan de ir bien en todos los países. Y se cierran o reducen plantilla. Miles de trabajadores al paro.
Entonces, los pobres banqueros piden dinero al Estado. ¡Qué curioso! Ese dinero procede de las familias trabajadoras principalmente. Y los gobiernos se lo dan. ¡Hay que activar la economía!, nos dicen. ¿Quién es responsable del futuro de las familias obreras?
Y mientras siguen pidiendo dinero, y se les sigue suministrando dinero a cargo de los impuestos de todos los ciudadanos, a la gran mayoría de la población se les exige enormes cargas fiscales y sociales, recortando los gastos en servicios esenciales como la educación, la sanidad y gastos sociales diferidos de sus retribuciones, es la historia de Robín Hood contada al revés, es la consagración de lo que hemos venido llamando la Tormenta Perfecta, los que han provocado esta crisis reclaman la responsabilidad del resto de los ciudadanos para salir de la crisis, siguiendo las mismas reglas que contribuyeron al actual desastre.
- Pero las causas de la crisis financiera son más profundas y no se habla de ellas.
Esta crisis es la consecuencia de una política económica neo-liberal con las características ya explicadas. Pero, además, generada por las siguientes causas:
- La liberalización de las cuentas de capital impuesta por EE. UU. para poder controlar el ahorro mundial y seguir viviendo a crédito.Las cuentas de capital son los distintos flujos financieros (inversiones directas, en acciones, préstamos bancarios…) que los residentes de un país pueden adquirir en otro. Su liberalización flexibiliza y elimina las restricciones de los flujos de capital que circulan entre países. Es decir, los inversores mueven su capital sin control y sin fronteras. Queda libre la acción de los especuladores.Durante los últimos veinte años, desde el inicio de la globalización, EE. UU. ha consumido bienes y servicios del resto del mundo a crédito por un importe de 7 billones de dólares (dólares constantes de 2007). Eso significa que por su alto consumo interno lleva varias décadas comprando más de lo que ha vendido fuera de sus fronteras. Pero lo ha hecho con el dinero que otros países y organismos le han prestado. Eso, a la larga, tiene que dar la cara.El problema no son sólo las hipotecas con alto riesgo, el problema es que EE. UU. lleva demasiado tiempo viviendo a costa del resto del mundo. Que exista una supremacía del capital financiero sobre el pro- ductivo es un efecto de la estrategia puesta en marcha por EE. UU. para vivir por encima de sus posibilidades.En último término, la crisis refleja un problema estructural monetario: la moneda mundial no puede ser la del país más endeudado del mundo, eso es incompatible con una gestión equilibrada de la economía. Este problema, que se debería haber resuelto en 1971, se dejó pendiente hasta hoy, y por ahora nadie habla de ello -aunque, probable- mente, dentro de poco tendrá su eco informativo.
- El sistema ha funcionado porque se creó un consenso mundial entre ganadores.
Es decir, no solamente EE. UU. se benefició de la ausencia de regulaciones monetarias, sino que incorporó al club de los ganadores a las clases dominantes de todo el mundo, para facilitar su aceptación del sistema de captación del ahorro mundial.La acumulación de patrimonio en manos de la clase empresarial y rentista se ha intentado acumular en los mercados financieros. Pero esto no es más que un espejismo. El dinero no es capaz de generar más dinero si no pasa por la producción de bienes y servicios, es decir, de nueva riqueza material. Por eso, la acumulación de los capitales financieros se ha hecho mediante un acelerado proceso de transferencia de renta y riqueza de los trabajadores hacia los propietarios del capital. Las deslocalizaciones, orientadas a reducir el precio de la fuerza de trabajo, son otro mecanismo para acelerar ese proceso.Pero la consecuencia de reducir la participación de las mayorías populares en la riqueza social disminuye el consumo y, si no se potencia su endeudamiento, se genera un excedente de producción. Dicha capacidad de endeudamiento tiene un límite. Por eso algunos analistas hablan de una “crisis de sobre-producción”.Una economía financiera con fin en sí misma está destinada a contradecir sus finalidades, ya que se priva de sus raíces y de su razón constitutiva, es decir, de su papel originario y esencial de servicio a la economía real y, en definitiva, de desarrollo de las personas y de las comunidades humanas
SU REPERCUSIÓN EN ESPAÑA
España, donde estábamos viviendo desde la mitad de los años noventa y hasta 2007 un importante crecimiento económico, se ha encontrado de cara con la crisis. Una crisis que es y será más aguda que en otros países europeos. Y es que nuestra economía estaba muy débilmente cimentada.
Algunas de las causas de la crisis en nuestro país son:
- Una elevadísima dependencia exterior. La economía española ha crecido pero necesitando materia prima, tecnología, productos elaborados fuera de nuestras fronteras… Esta dependencia exterior tiene un alto riesgo. Al depender tanto nuestra economía del precio de las materias primas y de los recursos energéticos necesarios para producir, está expuesta, por ejemplo, a los vaivenes del precio del petróleo.
- Pérdida de competitividad exterior. Nuestra economía compra más que vende fuera de nuestras fronteras. Nuestra competitividad se ha intentado basar en reducir los salarios. Pero esta carrera de precarización siempre ha encontrado países pobres con mano de obra más barata. Por otro lado, nuestra competitividad internacional se ve frenada por las subidas del euro. Si nuestra moneda es cara, nuestros productos también son caros a la hora de venderlos en el exterior. Antes de pertenecer a la Euro-zona se contrarrestaba con la devaluación de la peseta, pero en la actualidad con el euro es imposible.
- Potenciación de sectores productivos muy dependientes tecnológicamente del exterior y que han creado mano de obra poco cualificada, con salarios y condiciones muy precarias. Es cierto que durante estos años se ha generado empleo, pero, como ya hemos dicho, de muy mala calidad y barato. Ahí es donde se han ido colocando, por ejemplo, la gran mayoría de inmigrantes que hemos recibido durante estos años y que ahora son los primeros afectados por la crisis.
- Un alto endeudamiento. Es el segundo país más dependiente del ahorro mundial (EE. UU. capta actualmente el 50% del ahorro y España el 10%, a continuación Gran Bretaña capta el 8%, Australia, el 4% e Italia, el 3,5%). Endeudamiento del Estado, de las empresas y de las familias. Por este motivo en una situación de desconfianza y de restricción de los préstamos nuestra economía se estrangula. Un endeudamiento motivado, entre otras razones, porque nuestra producción ha sido absorbida por el consumo interno. Pero, como nuestra economía ha basado su competitividad en bajos salarios, las familias se han tenido que endeudar para poder consumir.
- El tirón del sector inmobiliario. Se han construido muchas más viviendas que las que realmente son necesarias para la población. Y, al mismo tiempo, se han subido de manera artificial los precios de las mismas: bien por que han captado a inversores que buscaban alta rentabilidad o porque han atraído dinero que necesitaba ser blanqueado o por los bajos tipos de interés que animaban a comprar, etc. Y ahora ha estallado esa burbuja, que ha provocado paro y desesperación en familias muy endeudadas.Lo cierto es que estamos viviendo un tiempo difícil que no ha hecho nada más que empezar. Va siendo hora de lanzar a la sociedad, que existen otras voces que reclaman una salida distinta a la crisis, que no sigamos con las mismas políticas que ocasionaron la crisis, en la que no solo nos jugamos como resolver una crisis económica, los mercados financieros han echo su apuesta a que se les debe obedecer siempre, y eso va contra el mismo fundamento del sistema democrático, es decir, lo que nos estamos jugando en la actual crisis es la misma existencia de la democracia representativa.Por eso es indignante, que muchas empresas saneadas y que han ganado mucho dinero aprovechen la crisis para reestructurarse y seguir con las mismas tasas de beneficios; por ello es preciso dejar de ser avestruces, por que creo que estos buitres se comerían hasta los avestruces.
LAS VÍCTIMAS DE LA CRISIS
Como ya hemos venido exponiendo, la crisis económica tiene unas víctimas. Las principales son los pobres de los países más empobrecidos. Intentemos poner el corazón en estas cifras: según la FAO, sólo en 2007 aumentó en 75 millones el número de hambrientos en el mundo, pero la cifra total es de alrededor de 923 millones, y otros 848 millones de personas están severamente desnutridas. Y, según Naciones Unidas, cada día que pasa mueren alrededor de 5.000 niños de sed. Mientras leemos esta reflexión varios niños y adultos, como nuestros hijos y como nosotros, están muriendo por carecer de algo tan básico y necesario como el agua o el alimento.
La necesidad de 30.000 millones de dólares anuales para combatir la falta de alimentos, según la FAO, contrasta con las ayudas a los sectores agrícolas en países industrializados de más de 376.000 millones de dólares (más de 275.000 millones de euros), destinando una parte de esta producción a biocombustibles; o con los gastos en armamento de 1,2 billones de dólares anuales (unos 876.000 millones de euros); o con los miles de millones que todos los Estados de los países industrializados están aportando a los mercados financieros -para que nadie en el mundo muriera de hambre o de sed sólo sería necesario aproximadamente el 40% de lo que el Banco Central Euro- peo inyectó en dichos mercados el pasado día 29 de septiembre-.¿Dónde están nuestras entrañas de misericordia? Nos encontramos ante un verdadero crimen a la humanidad.
En España, las víctimas son los sectores más débiles del mundo obrero y las nuevas familias trabajadoras que se están viendo arrastradas por la crisis. Encontramos personas que ya vivían en la pobreza, en la exclusión social, en situación de precariedad y de vulnerabilidad social. Familias obreras que se mantenían e iban tirando: trabajo precario, sueldos mal pagados, dificultades con la vivienda, etc. Y otras que se creían seguras en los tiempos de «vacas gordas». Unas y otras atrapadas también por el escaparate del consumismo. Atrapadas por un endeudamiento que les permitiera vivir al ritmo que la publicidad y la cultura iban imponiendo. Muchas de estas familias firmaron hipotecas que hoy día son un fardo más en la pesada carga que están sufriendo.
Reflexionemos sobre algunas cifras y pongamos las caras. Los parados son los “peor parados” de la crisis. El número de desempleados avanza de manera inexorable ¿Qué ocurrirá cuando muchas de estas personas se encuentren con la prestación por desempleo y las posteriores ayudas agotadas? Otro dato lleno de sufrimiento: con la tasa de temporalidad que tenemos ¿Cómo afecta la reducción de plantillas, los vaivenes de la economía a estos hombres y mujeres del trabajo? Y, entre ellos, a los inmigrantes, a los jóvenes, a las mujeres…, en definitiva al todo el conjunto de la sociedad. Con los recortes sociales anunciados, como podrán sobrevivir todo esta población inmersa ahora.
Todo presagio sobre el futuro podemos decir que es falso, ni los economistas lo saben, ni los actuales dirigentes políticos como salir de esta crisis, lo único que tenemos certeza es que los nuevos señores nos exigen obediencia a su discurso.
CONCLUSIONES SOBRE ESTA CRISIS
Esta crisis económica, como ya hemos apuntado, no es principalmente un problema técnico ni requiere, solamente, soluciones de este tipo. Es una crisis ética, de principios morales, sobre los que se ha ido construyendo la economía, nuestra sociedad y nuestra existencia. Por- que lo más grave, junto al drama del sufrimiento, la desesperanza y la muerte de miles de hermanos nuestros en todo el planeta, es que nuestras vidas, nuestros deseos y aspiraciones también se están construyen- do desde esos mismos principios. Es urgente no sólo refundar la vida social, la economía, sino nuestra propia humanidad.
Por ellos los emancipadores debemos promover una actitud de rebeldía ante los nuevos amos, para difundir nuestros criterios, para promover otros valores, otras actitudes, para vivir nosotros mismos en nuestros barrios, en nuestras parroquias, en nuestros centros de trabajo; para ser libres en un palabra; para que la única salida a la crisis, es dotarnos de un nuevo sistema económico, que la sociedad debe dotarse de otros valores, en la que la premisa no puede ser que la economía deber estar en función del ser humano, es decir, debe dotarle de dignidad , nunca puede ser usada la persona como instrumento, para que unos señores sean mas ricos en perjuicio de los derechos políticos y sociales de los conjunto de la población. Y entonces enfrentarnos realmente a las preguntas esenciales para resolver los problemas de la sociedad de hoy en día, ¿Para qué producir? ¿Qué producir? ¿Cómo producir? ¿Para quién debe producirse? ¿Cómo debe consumirse? Pero poniendo en el centro de las respuestas la prioridad de la vida de todas las personas. Lamentablemente, esta crisis nos habla de personas que empobrecen y dejan morir a muchas personas.
Pero, como en una familia, buscar el bien de cada uno supone priorizar a los que están en desventaja. Un hijo enfermo es el que más atención se lleva. Una humanidad donde mueren de hambre millones de personas requiere que sus vidas sean las que estén en el centro de las políticas económicas de todos los países. La vida humana es el mayor patrimonio que se debe conservar en nuestro planeta.
Los Objetivos de Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas, en concreto la erradicación de la pobreza extrema y del hambre, deben ser la prioridad de todas las medidas ante la crisis económica. Pero este hecho contrasta con las soluciones aprobadas por los gobiernos de EE. UU., de la UE y del resto de los países ricos. Miles de millones de dinero público dirigidos a la banca para generar liquidez y solvencia a las entidades privadas. ¿Y para erradicar el hambre y la miseria extrema? ¿No hay planes de rescate humano? ¿Cómo podemos contemplar estas acciones con la máxima normalidad?
Poner en el centro de la vida económica y social a las personas y, en concreto, a los oprimidos supone también la necesidad de control democrático de la actividad económica. La economía no está al margen de la política.
Por último, debemos romper la inercia del avestruz, por que la soluciones están en nuestras manos, todos tenemos responsabilidad en lo que pasa, por acción o omisión, el que seamos avestruces, o metamos nuestra cabeza debajo de la almohada, la indiferencia es la peor actitud ahora, no sólo nos estamos jugando vivir confortablemente, nos estamos jugando el sistema democrático, y poniendo la economía al servicio del ciudadano, como paso necesario para desarrollar un compromiso social y político para dotarnos de una banca pública, luchar por un comercio justo, comprometernos por no destruir nuestro medio ambiente, están organizados para luchar por nuestro vecinos, por nuestro s compañeros de trabajo, para refundar en definitiva la existencia humana, por que mientras mi vecino, mi compañero de trabajo, los habitantes de este mundo no sean libres, yo jamás podre ser libre tampoco.
La lucha va ser dura, pero es mucho lo que nos jugamos, difunde y corre la voz, es tiempo de decir que entre todos podemos salir de esta crisis, debemos de decir de una vez de gritar y preguntar a todos, que queréis Democracia o ser buenos súbditos de los mercados financieros, o seguiremos padeciendo esta tormenta perfecta.
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