El tratamiento

Desde hace muchos años he sentido una atracción por darme restregones con desconocidas, que en nada tiene que ver con las pelis pornos, en donde seres humanos perfectamente atléticos, y en el caso de las mujeres, de llevar ropa, llevan la última moda en corsetería finísima y carísima. En el caso del los hombres siempre me ha llamado la atención la predilección por esos miembros viriles inmensamente grandes.
Pero como siempre ahí está la puñetera realidad, donde las mujeres, cuando conocen a la aventura de su vida, o bien llevan las bragas agujereadas, o bien tienen regla. A los hombres nos suele ocurrir que solemos ir no duchados, o bien ese día pegaremos el gatillazo. También suele ocurrir, donde predomina cierta clase de farmacéuticos, donde uno no puede agenciarse un condón, o bien en el cuarto donde vas a echar el polvo este en tales condiciones, que te hagan disuadir de la aventura. También podría ocurrir, que si fuera final de mes, en el que están sin un puto euro, lo tengas que hacer en el servicio de un bar, que seguramente estará apestoso, y a cada momento estás oyendo los graznidos o gruñidos de la gente, golpeando la puertas, impacientes por descargar ( y n no me atrevo a decir que cosa descargan, pero por la intensidad se puede deducir que van a hacer).
Este intenso goce interno que poseo, de hambre repentina, de atracción sexual intensa por una mujer, a quien no conozco, tal vez sea el producto de que necesitamos momentos en nuestra vida superar los momentos de triste rutina, sensaciones que se cuelan por una rendija en el momento más impensado de nuestra existencia.
Un día, allá por la explosión de las olimpiadas y la expo, viajaba yo en tren camino de Algeciras, donde acababa de fallecer la mujer de un amigo mío, y cuando me lo comunicó, me comentó que había sido por ataque de risa, cuando estaba haciendo un truco de cartas, en el que hacia una de sus hipérboles de Tamariz, yo le hice el comentario que su manía de parecerse a Tamariz siempre le habría traído problemas, así que en el tono de su voz note que se lo había tomado a mal; así que el pesar por la muerte, junto con la desazón por el comentario, hizo que aquella noche durmiera mal.
En cuanto me dispuse en el asiento del compartimento de mi tren, abstraído en mis pensamientos sobre el fallecimiento de mi amiga, así como también por arreglar el desaguisado con mi amigo, no pudo percibir que una mujer se sentó junto a mí, pero su perfume llegó a mis sentidos, por lo que aprovechando mis gafas negras, eche una mirada a esa mujer, que vestida de forma primaveral, iba con un conjunto perfectamente ajustado, y con un escote divino, lo cual empezó a encandilar mis sentidos eróticos, ver sus piernas, esos tacones altos, enfrente mío hizo que mi estado anímico se empezara a sentir entre confundido y sorprendido.
Como en esta sociedad de hoy, en tiempos hice uso de un terapeuta, me aconsejaba siempre que me pusieses siempre la ropa que me hiciera sentir más atractivo, así que empezamos a cruzar miradas, ella sabía a esa altura, que yo la estaba mirando, por lo que ella empezó a sonreír pícaramente, empezó a mover sus piernas para me empezara a fijar mejor en sus hermosos muslos y avanzar mi vista hasta su monte Venus, la muy jodía iba sin bragas.
Como estaba muy aturdido, fue ella la que tuvo que romper el hielo, para iniciar una conversación:
Le notó muy aturdido señor…
Lo dijo en tal tono, que no era una pregunta, era una afirmación, era claramente una insinuación, lo dijo de tal manera que ya no tuvo reparos en quitarme esas gafas negras de viejo rockero, y como suele suceder mis ojos causan una enorme perturbación en el género femenino. Pero al tiempo me di cuenta, de que ella iba a llevar la iniciativa, y dado mi estado lamentable más.
Creo que puedo hacer algo por usted.., soy enfermera
Una hermosa sonrisa se dibujo en sus carnosos labios, ella se levantó para recoger un maletín de primeros auxilios, sacando el instrumento para auscultarme, me tomo también la tensión, y después se dirigió hacia mí, diciéndome el resultado de esa exploración:
  • Creo que usted está muy bajo en este momento, habrá que hacer algo por elevar ese tono vital, dijo ella en medio de una mirada sensual a mi cuerpo.
  • Lo mejor que puede hacer usted es desnudarse, para hacerle un masaje en condiciones, verá cómo haremos que se recupere ese tono vital.
  • ¿Tan mal estoy?, es lo único que me atreví a balbucear, debía de tener tal cara de mentecato, que ella no hacía más que dibujar sonrisas de satisfacción.
  • Tiene usted mucha suerte.. ha caído en buenas manos…
  • Haga usted lo que quiera…
  • Ahora mismo pongas boca abajo para empezar el masaje.
Ella fue masajeando perfectamente mi espalda, mis hombros, pero en cierto momento de su masajeo suave e intenso, tocó uno de mis puntos cardinales del goce, por lo que tal era el estado de mi excitación, por lo que ella acercándose a mis oídos, me susurró:
  • ¿Me permite que siga masajeándole con mi lengua?
En ese momento lance un ligero gruñido de placer, asintiendo delicadamente, pero en un momento de su masaje, se levanto para hurgar en su maletín, y con una mirada lujuriosa, me ofreció la siguiente disyuntiva:
  • Ahora en sus manos está el tomar una decisión; o bien toma esta pastilla, en el plazo de una hora, obrará milagros, o bien tiene un tratamiento alternativo, es igual de potente como la píldora, pero más placentero.
  • Yo no me atrevía más que a responder ¿Cuál es el tratamiento? (como si a esas alturas no supiera ya cual era el tratamiento).
Ella se desnudó ante mí, y pude ese esplendido coño, con sus esplendidos labios vaginales, que me dieron ganas locas de chuparlo, de pasarle mi lengua, pero estaba claro que los hechos había denotado que me había colocado bajo la autoridad de esa enfermera, y que ella llevaría el juego hasta sus ultimas consecuencias.
  • Esto es lo que tiene que decidir la píldora o el coño, mi ética profesional me impide que sea yo el que tenga que tomar la decisión.
  • La verdad es que soy bastante indeciso – ella me miró con un gran y lasciva sonrisa ante el inmenso calentón que tenía.
  • Se deshace usted en un mar de dudas…
  • Exacto.., repliqué yo, que veía que me tenía que abalanzar sobre ella.
  • Lo que haremos entonces es que yo le como yo su polla durante tres minutos, y si vemos que le va gustando el tratamiento, lo proseguimos, ¿de acuerdo?
  • Una gran idea- logré balbucear.
  • Relajase..por favor- me ordenó, al tiempo que subía los respaldos abatibles.
En cuanto me estiré, ella se abalanzó sobre mi pene, y empezó a jugar con su lengua con insidiosa lentitud, me empezó a acariciar con su dedos, todos mis muslos o hincando sus uñas en mi trasero.
  • Buen chico eres.., eres muy receptivo…
  • ¿Seguimos o cree que prefiere la píldora?- con mucha ceremonia y con voz susurrante. Seguimos…por favor…, es usted una enfermera excelente
  • Por favor, ahora meta usted su polla en mi vagina, que me estoy deshaciendo.
Ella al notarla dentro, contorneaba sus caderas, sus ojos revelaban una profunda profesionalidad, como si cada detalle fuese esencial para elaborar un informe para el médico de guardia.
  • Me alegró que le guste la terapia- lo cierto es que no tarde mucho en correrme con inusitada intensidad, al hacerlo emití un grito, pero que fue contenido por el beso ardiente de sus labios carnosos.
  • Si no le besó, habríamos corrido el peligro de vernos interrumpidos y eso había sido muy pernicioso para el tratamiento.
Dicho esto, la enfermera se abalanzó sobre mí de nuevo, a fin de que ella pudiera alcanzar su propio orgasmo, no recuerdo cuantas veces me corrí hasta que esa preciosa criatura tuviera su propio orgasmo.. Entonces me restregó su coño por todo mi rostro, dándome a beber sus deliciosos jugos. Liberado ya de las tensiones, caí en un profundo sopor, del que no me recuperé hasta entrar en la estación de Algeciras, cuando el revisor paso al lado de nuestro camarote, del que no quedaba rastro de mi fogosa enfermera. Al principio pensé que fue un sueño, pero al tiempo note en mi boca el sabor de los jugos, me persuadió que aquello no fue una mala jugada de mi imaginación.
Pero como la vida te da muchas sorpresas, al cabo de unos meses, alguien que creía que sería un Testigo de Jehová, y como no estaba de buenos humos, me iba a desahogar mi mal humor, y me encontré de nuevo a mi querida enfermera, que Biblia en mano, se dirigió a mí en su tono profesional.
  • Buenos días, entrando en mi casa sin pestañear, estamos hablando con las personas de este bario contra el peligro de la disgregación de la familia, que como sabe usted es la base de todo lo bueno del ser humano.
  • ¿Y que es lo que disgrega la familia? – le pregunté
  • ¡La fornicación! – dijo ella.
  • No sé de lo que me está hablando.. Ay Dios mío, es usted una criatura pura que ha logrado escapar a las garras de la fornicación, por lo que muy a mi pesar le tendré que enseñar lo que es la fornicación, para que usted se pueda defender de sus garras.
Imagínense ustedes, mis queridos lectores, como acabó la cosa, pero le dije cuando terminé la coyunda, que jamás en la vida volvería a hacer estas guarradas, pero como ustedes podrán comprender, ella se convirtió en mi amante ocasional, apareciendo cada vez de un oficio distinto, pero siempre guardando indemne el personaje a interpretar para cada ocasión, no se ahora bajo cual disfraz aparecerá la próxima vez, pero con ella he encontrado el juego estimulante de lo desconocido.

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