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Me duele mi tierrra

Esta tierra mía. que tanto me duele. hartas están las manos que cada día levantan, hartos están los dorsos que desean tener durezas; me duele tanta petulancia, me duelen sus palabras huecas, me duelen sus falsas compasiones. Cruel destino de que tanto mezquino se vanaglorie de su mezquindad, de tanto decirnos que esto ira mejor, se creerán sus propias mentiras. No sé si estamos ebrios, o estamos ciegos, o simplemente tenemos miedo, tengo mi sentimientos agotados. Tanto me dueles, que ya ni te reconozco, quizás borracho te entendería. Que misterio insondable cubre nuestros corazones, que insensibles  volvimos, somos avestruces en una vida, que detestamos vivir, andan encendidas las luces rojas de nuestra acumulador de resistencias. Cuanto me dueles, y cuanto me duelen mis dedos escribiendo este amargo dolor

Un Encuentro en el bosque

Mañana fría de un día de noviembre, una desazonada María se encontraba mal, estaba contrariada, una sensación de opresión en su pecho, junto a ese silencio matinal de las primeras horas del día, en que todo empezaba a caminar lentamente en el pueblo; esa vida que un día fue tranquila, hermosa, se había tornado en una pesadilla continua. Y si esa inquietud de su vida, después que terminara la guerra, se añadió que su hijo había salido en compañía de sus amigos, como hacían todos los domingos, en que hacían sus caminatas en los montes aledaños al pueblo. Le preocupaba esos caminos difíciles, angostos, y con escarpadas laderas, y demás peligros del monte, y es que ya pasaba más de una hora, desde que el resto del cuadrilla habría regresado al pueblo. No le llegaban a sus oídos ni lo susurros de las hojas de los árboles, ni el discurrir del cauce del río, que pasaba junto a su casa, solo la turbaba el reclamo de la picaza. Y es que el muchacho, como siempre en compañía de sus amigos de e...

Primer Día de Escuela

Primer día de escuela, él no quería salir de casa, pero su madre, a duras penas, le consiguió acercar a la puerta del colegio, y mi primera vista fue ver un grupo numeroso de niño jugando en el patio, un patio con manchas de arena y hierba; unos echando un partido de futbol unos, otros jugando a los peones. Y en medio de aquel barullo, su madre le acercó a un señor, que luego vio que era su maestro; y allá fue que sintió solo, muy solo, y a pesar de encontrarme en ese enorme gentío para mí; Muerto de miedo, temblaban las piernas, era la primera vez que iba, era la primera vez que estaba entre tantos niños, y cierta zozobra me sacudía. Seguidamente que marchara mi madre, todos los profesores y la chavalería se pusieron en formación militar, alineados por los distintos cursos que había en la escuela, y también los niños y las niñas separados, y todos procedimos a cantar un himno llamado “Cara al Sol”, y eso no hizo más que aumentar mi desazón. Y es así, que yo, Paquillo, muerto de mied...

Canción para mi madre tierra

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                                                                               Un niño lame su herida, otros lloran su muertos, lloran la perdida de un amigo, lloran la perdida de un amor. El hombre ignora lo hermoso, solo imágenes de horror ven, lamentando el mal del mundo, y se conforman cual avestruces, del triste destino. Llegamos sin pedir permiso, y nos hicimos su dueño,  creyendo que él era nuestro siervo, y nunca se quejo, y nunca se queja, pero sentimos su tristeza. Sufriendo nuestro calvario, y pese a todo el daño soportado, nos dice a cada instante: de vientre salisteis, como queréis que no os ame

Timbal de mis amores

Ausencias que marcaron la vida, que marcaron mi vida, caminos rotos que no rompí, solo miraba la nada, y nada me lo devolvía, ni las miradas humanas me hacían sentir nada, eran poema de estrellas, eran sentimientos de mi alma, la soledad de un corazón perdido, planetas que me alejaron del sendero de mis pasiones, que recobrar quiero, el sentir del alma, el sentir de la pasión, y nuevos planetas circulen en mi corazón, sentir ya el crujir de mis quereres, lejos de la soledad del alma, y encontrar en tu mirada amada, el sentido de mi alma, que un día estuvo sola, y crepitando en mi el timbal de mis amores

Canción para un niño

¡Ay! quiero ser río,  pero no sentir frío en invierno. Quiero ser pájaro  y no sentir  el viento helado. Madre,  hazme sabanas bordadas, hazme almohadas bordadas. Claro que sí,  hijo mío, Ahoritita mismo

El sol se duerme

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Vestido de blanco,  o vestido de frío, llega el invierno, blanquea la montaña, para el agua de los ríos, las calles se vacían, y las hojas llenan el parque, la lluvia o la nieve, llora sobre mi cuerpo, y ese viento frío.. que congela tu cuerpo, Añoras el sol,  de la misma que añoras algo de frio en verano, pero vas caminado.. deprisa, deprisa, para tener calor, y es que sabes  que en invierno, el sol se duerme

Balada para un loco

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Tardecita de Madrid, camino a Fuencarral, los pies me llevan solos,  por eso cierro mis ojos, tropiezo con la gente, que de compras va, yo voy camino de mi locura. Yo miro Madrid, como si no hubiera gente, es por eso  que no lo veo triste, y por Callao, luna llena, y un bolero arrullándome. Y volaremos por  las cornisas de Corredera, a lomos de pajaros sin destino, y acróbata quiero ser, para trepar por sabana  y en una mano  una poema, y en la otra una flor, para saltar sobre tu escote, y asi despertarte tus sentimientos. Y es que locos como yo, imaginaron el amor y un querubín  dirigiendo su orquesta, nos divierte con sus baladas. Escala el requiebro de nuestra locura, y hacemos sonar los campanarios. y te pusiste pamela de alondras, que nos hace volar y abrirnos nuestros cuerpos cerrados, y loca tu,  y loco yo, para vivir la magica locura, y gritar si: locos los dos, loco...