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POEMAS DEL ALBA

Reflexiones últimas Espíritu en reposo, con arrojo asume el reto de concebir el conocimiento más allá de expiación y del gozo, el espíritu, al fin, conoce las luces de no tener olas, de que un ave no vuela, ni llega a mi oído un sonido leve. Luego sólo, en el sueño profundo, el crepitar del aire de la planicie, de la nieve en el suelo Mucho te amo Mucho te amo y con dolencia contemplo al franquear en mi sueño. desde este remoto confín, misteriosos ojos te añoran. Esta alborada contemplar con clemencia este sueño dulce y alegre de un amor que me espera. Algo n mi sangre anhela encontrarte algo en mi sangre tu voz suena, te llamé y tu me respondiste, y mi sangre espera que tu voz taconee de nuevo tu respuesta. Íbamos de camino Mi ternura en hálitos te refrescaba tu hebra sustentada en céfiros, es como el soplo de tu esencia, eres aire en el viento ¡Qué luminiscencia tenue de mis esperanzas! ¡Oh lucidez trascendental que iluminaba toda mi subsistencia cu...

VEINTE POEMAS DE AMOR Y UNA CANCION DESESPERADA (POEMA 14)

Juegas todos los días con la luz del universo. Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua. Eres más que esta blanca cabecita que aprieto como un racimo entre mis manos cada día. A nadie te pareces desde que yo te amo. Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas. Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur? Ah déjame recordarte como eras entonces, cuando aún no existías. De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada. El cielo es una red cuajada de peces sombríos. Aquí vienen a dar todos los vientos, todos. Se desviste la lluvia. Pasan huyendo los pájaros. El viento. El viento. Yo solo puedo luchar contra la fuerza de los hombres. El temporal arremolina hojas oscuras y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo. Tú estás aquí. Ah tú no huyes. Tú me responderás hasta el último grito. Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo. Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos. Ahora, ahora ...

NERUDA: SELECCION DE POEMAS

Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes a tus ojos oceánicos. Allí se estira y arde en la más alta hoguera mi soledad que da vueltas los brazos como un náufrago. Hago rojas señales sobre tus hojos ausentes que olean como el mar a la orilla de un faro. Sólo guardas tinieblas, hembra distante y mía, de tu mirada emerge a veces la costa del espanto. Inclinado en las tardes echo mis tristes redes a ese mar que sacude tus ojos oceánicos. Los pájaros nocturnos picotean las primeras estrellas que centellean como mi alma cuando te amo. Galopa la noche en su yegua sombría desparramando espigas azules sobre el campo Los nacimientos Nunca recordaremos haber muerto. Tanta paciencia para ser tuvimos anotando los números, los días, los años y los meses, los cabellos, las bocas que besamos, y aquel minuto de morir lo dejamos sin anotación: se lo damos a otro de recuerdo o simplemente al agua, al agua, al aire, al...

MIGUEL HERNANDEZ: SELECCIÓN DE POEMAS

El niño yuntero Carne de yugo, ha nacido más humillado que bello, con el cuello perseguido por el yugo para el cuello. Nace, como la herramienta, a los golpes destinado, de una tierra descontenta y un insastisfecho arado. Entre estiércol puro y vivo de vacas, trae a la vida un alma color de olivo vieja ya y encallecida. Empieza a sentir, y siente la vida como una guerra, y a dar fatigosamente en los huesos de la tierra. Contar sus años no sabe, y ya sabe que el sudor es una corona grave de sal para el labrador. Trabaja, y mientras trabaja masculinamente serio, se unge de lluvia y se alhaja de carne de cementerio. A fuerza de golpes, fuerte, y a fuerza de sol, bruñido, con una ambición de muerte despedaza un pan reñido. Cada nuevo día es más raíz, menos criatura, que escucha bajo sus pies la voz de la sepultura. Y como raíz se hunde en la tierra lentamente, para que la tierra inunde de paz y panes su frente. Me duele este niño hambriento...

ASNOS ESTÚPIDOS (ISAAC ASIMOV)

aron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de su estirpe que llevaba los anales galácticos. Tenía en su poder el gran libro que contenía la lista de las numerosas razas de todas las galaxias que habían adquirido el don de la inteligencia, y el libro, mucho menor, en el que figuraban las que habían llegado a la madurez y poseían méritos para formar parte de la Federacion Galáctica. En el primer libro habían tachado algunos nombres anotados anteriormente: los de las razas que, por el motivo que fuere, habían fracasado. La mala fortuna, las deficiencias bioquímicas o biodísicas, la falta de adaptación social se cobraban su tributo. Sin embargo, en el libro pequeño no había habido que tachar jamás ninguno de los nombres anotados. En aquel momento, Naron, enormemente corpulento e increíblemente anciano, levantaba la vista, notando que se acercaba un mensajero. Naron -saludó el mensajero-.¡Gran señor! -Bueno, bueno, ¿qué hay? Menos ceremonias. -Otro grupo de organismos ha lle...