Simone Weil y La Condición Obrera

Simone Weil

Introducción

Introducirnos en la filosofía de Simone Weil, nos impone examinar, en todo momento, de dar unas pinceladas de la filosofía política de esta judía errante, que jamás escribió algo sistemático sobre ella, ni sobre la ética, ni sobre la acción política, todo en ella es inclasificable disperso, desprovisto de toda sistematización, quizás debido, pienso yo, que no quiso iniciar ninguna escuela filosófica, pero leyendo algo sobre ella, donde lo biográfico, lo personal, lo experimental es el eje de sujeto, todo al servicio de una acción política emancipatoria, sus consideraciones sobre el trabajo manual, sobre el trabajo intelectual, sus grandes afirmaciones sobre la condición obrera todavía nos resuenan como actuales, cuando se leen algunos de sus párrafos, por ello este escrito parte de esa deuda, que tengo contraída con ella, recuperar para nuestros tiempos, su acercamiento, vivido en carne propia, sobre las causas de la opresión y la esclavitud obrera, lo que le hice decir a ella que ella ya llevaba la marca del esclavo moderno, pesando en mi claro, la poca atención que ha tenido, quizás debido a su enorme heterodoxia, y grandes contradicciones, pero acercándose y equivocándose, es la única manera, que un día el discurso emancipador cale definitivamente en estas sociedad, donde el postureo y los revolucionarios de salón, son el pan nuestro de cada día.
Repensarla, es aportar algunas luces, a los difíciles momentos, que andamos viviendo, todo ello encaminado, hoy más que nunca, a repensar la opresión de los trabajadores, lo cual plantea ineludible a repensar la cuestiones éticas y políticas, por ello debemos partir del hecho, que esta autora, se debe y se puede situar dentro de la herencia marxista, pero lo hace de una manera heterodoxa, en tanto que repiensa la opresión, alejándose de todos aquellos, que han hecho del marxismo, algo circunscrito al mecanicismo cientificismo, que piensa la acción política, encaminada a la transformación del régimen de las fuerzas productivas, cuestión que Weil está de acuerdo, es decir, es preciso,  transformar radicalmente las fuerzas productivas, pero ella viene a introducir otros matices, ella aporta que la opresión, que parte del engranaje en el seno de las fábricas, luego se va a reproducir  en los cuerpos, en los gestos, en las palabras, en todo tipo de manifestación vital de la condición obrera, que será evidentemente el culmen del presente escrito

La filosofía política de Simone Weil

La filosofía de Simone Weil es inicialmente distante en términos lineales a estos pensadores, debido a que se enmarca en el periodo de entreguerras en la Europa de la década de 1930, su forma de hacer filosofía, sus inquietudes en torno a la ética, la atención, la condición obrera, el lenguaje, la acción política y la ruptura a las clásicas dicotomías entre acción y pensamiento, trabajo manual e intelectual o lenguaje y experiencia la ubican, de cierto modo, en esta tradición de la filosofía política, donde abre distintos registros inexplorados en aquel periodo de entreguerras, respondiendo sus afirmaciones a una historicidad, que excede su vida y su obra, pero donde sus escritos abren sugerentes inquietudes.
Esta autora viene a inscribirse, en una introducción, para darle una nueva dimensión a la 0presión, la precariedad y el sufrimiento de la condición obrera a partir de su herencia marxista, de como deber repensarse la filosofía política, donde incide clarisamente su experiencia de obrera, y es aquí donde ella va a  hacer una aportación, digna de tenerse en cuenta, y es que su crítica de la filosofía política, no puede ser, para ella, un mero ejercicio intelectual, que se limita a hacer una crónica de su experiencia, o bien como una declaración que pretendía una preocupación social sobre los obreros, pues bien, Weil da un paso más, es un acto que le desgarra, donde se desdibujan los límites que dividen pensamiento, acción y la certeza de comprender las causas de la opresión social, certeza que le acompaño toda su vida, y que podemos apuntar, que no se sentía, no solo "al lado" de los oprimidos, sino entre ellos.
A renglón seguido, hagamos constancia, que este estar al lado y con los obreros, le permite habitar en una suerte de poesía del trabajo manual, un modo de vida, una experiencia vital, que no se reduce a una experiencia religiosa asociada al cristianismo, y que pese a sus instantes finales de su vida, jamás se la ofreció su entrada, en tanto que su religiosidad, su espiritualidad era atacar las bases dogmáticas del catolicismo, en tanto que su encadenamiento, su enraizamiento con un modo de vida, asociado a una cierta plenitud del trabajo manual sin finalidad, el trabajo manual y el esfuerzo como una poesía vida particular y una transformación de sí del sujeto y de sus prácticas.
Su pensamiento, su filosofía tiene como eje levantar ante nuestros ojos la desgarradura, las escenas donde los cuerpos, las miradas y expresiones se cruzan, se intercalan en la fábrica, lo que le permite en su obra, “La Condición  Obrera”, hacer un “relato” de todo lo que le ocurre a un trabajador manual, y que es donde se expresa con contundencia la brutalidad de este sistema, que expresa un testimonio sensible de su experiencia humana, para dar luz al que ser respira en la fábrica y al encuentro con los “otros”, convirtiéndose tanto en una materialidad del discurso y de la materialidad de los cuerpos, y es en este sentido, que debe ser leída su experiencia, que hacen que sean frases cortas, encadenadas al ritmo del trabajo, donde sus pensamientos necesariamente tienen que ser fragmentarios, en tanto que es la demostración empírica de la complejidad del trabajo manual
La ética en Weil viene referida de un modo de vida, que tienen como objeto esos cuerpos que se movilizan en la fábrica, haciéndolo en condiciones de opresión y precariedad, generado por el capitalismo, donde ella se empieza a desplegar sus preguntas de como pensar en este escenario, en otros modos de ser o como modular la habitación propia de la condición obrera con nuevas formas de existencia, y donde hay que destaca que como consecuencia de la fragmentación de sus pensamientos y donde para mí, su mayor interés reside, en lo que dice sobre la condición obrera, y su necearía correspondencia con una nueva filosofía política de carácter crítico e histórica, que se expresa en la  materialidad del trabajo manual, y que se expresa en toda su plenitud, entre otras cosas, en la materialidad de la precariedad y hastío del trabajo manual, para lo cual intenta acaba con la división entre la reflexión y la materialidad, y que es una crítica fundamental, a todos aquellos que, proclamándose socialistas científicos, que caen en la división entre los que coordinan y los obreros que ejecutan, en tanto que ella viene a sostener que no hay dicotomía entre pensamiento y acción, en tanto que en la materialidad de la corporalidad y gestualidad también hay trabajo intelectual, pensamiento, que se despliega en un escenario de cuerpos obreros que habitan condiciones de opresión y precariedad en la fábrica.
De la mano de Weil, entramos en otro aspecto fundamental, de su pensamiento, en su preocupación por el dolor humano, como es la ruptura de la identidad del trabajador manual, donde ese complejo escenario de opresión y precariedad, le lleva al desarraigo, y a pesar de ser un libro inacabado (“Echar Raíces”, aunque hubiera sido más justo haberse traducido como “El Enraizamiento”), abre un proceso de impersonalización del yo, en el que se manifiesta, por un lado, un desarraigo de la vida en todas sus dimensiones: social, psicológica y física, cuando ella considera clave que la cuestión de echar raíces es una de las  necesidades básicas del ser humano, y donde se producen nuevas fragmentaciones, donde ella apuntaba al tránsito de adolescentes al trabajo, pero que hoy podemos y debemos trasladar a todo ser humano, que transita de sus estudios a un puesto de trabajo, en donde viene a ser como una persona subordinada, que solo importa, con tal que obedezca, no importándole al ejecutante de las ordenes, que eso mueva a los móviles más bajos, que es lo que hace que muchos desprecien al trabajo manual, todo ello en una sociedad, que puede tener muchos saberes, pero que son incapaces de ver de qué mundo vienen, ni a qué mundo se dirigen, uno puede saber muchos datos, pero jamás sabrá como preservar las buenas cosas del pasado, ni tampoco tener presentimientos futuros, y en estos momentos actuales, podríamos decir, que ni de los futuros cercanos, por ella para ella la capacitación técnica de los trabajadores manuales, debe ir más allá, para posibilitar de una vez la desaparición de la separación entre trabajo intelectual y la trabajo manual, para que el mundo del pensamiento entre en todos los órdenes de la vida, incluido el trabajo.
Añadamos, ahora otra cosa fundamental de su pensamiento, como a pesar de parecer contradictoria la afirmación, de que es posible una suerte de elevación en las condiciones de precariedad del capitalismo, Weil considera que justamente esta gravedad es una de las miserias más preciosas dadas al hombre, porque le permite ascender, siendo que esta pérdida del sí, tiene que ver con la posibilidad de vislumbrar posibilidades otras de ser, reconocer el hastío del trabajo manual sería entonces una preciosa miseria, que asociándola a una cierta plenitud del trabajo manual sin finalidad, el trabajo manual y el esfuerzo como una poesía, es la condición necesaria de su elevación, de irse, en definitiva, de sentar las bases de  su emancipación

Comprender las causas de la opresión social

Todo lo dicho hasta ahora no viene a ser más que el prólogo de lo que ahora voy a decir, y lo que a mi entender, más me interesa resaltar del pensamiento de Simone Weil, cual es el comprender las causas profundas de la opresión social, dimanante de la estructura capitalista, y como ella, como hemos visto, no establece diferenciación entre el ejercicio filosófico y la acción,  ella considera que es imprescindible, que para hallar la verdad, es necesaria, imprescindible  exponerse a la desgracia, con ella fue lógica, su postura de abandonar sus estudios, para trabajar como fresadora en una fábrica de Renault en diciembre de 1935, es por ello que recomiendo una lectura sosegada del texto escrito en el año 1934 (Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresión social”), que constituye, una de las más sugestivas y heterodoxa, dado que, como veremos a continuación, a esta autora debemos englobarla en la tradición marxista, ella quería entender, comprender, explicarse los mecanismos de la opresión en la condición obrera, por ello nos aporta algo, que quiebra contra muchas herencias, esa separación entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, y los que no nos viene a decir ella, es que no existe la primacía del entendimiento sobre la experiencia, por ello considera el trabajo manual como un valor supremo, como el centro, en ano que es cuando se produce el verdadero equilibrio entre el espíritu y la materia.
Ahora es el momento de poner énfasis en la herencia marxista de su pensamiento, en tanto que ella como Marx consideran imprescindibles transformaciones materiales solo se puede cambiar la sociedad, por ello sigue afirmando, como correlato necesario, que los hombres no son libres de hacer su propia historia, en tanto no puede escoger el camino, que ellos desear a su vida, sino en la condiciones que viven materialmente, en un momento de sus tránsitos por la vida, cuestión que hoy, no suele aparecen en la agenda de las organizaciones políticas, que se reclaman heredero de estas tradiciones, donde el trabajo no puede ni debe ser visto solo como una fuente de riqueza, que es lo que nos vienen a decir todo el pensamiento defensores del capitalismo, y es que el salto cualitativo que Marx y sus herederos, incluidos los heterodoxos, el trabajo se realiza a partir de unas condiciones existentes en cada momento, y es por eso que uno se considera de esta tradición, debe planteare preguntas esenciales, para cuestionarse esta sociedad, desde un espíritu crítico y emancipador: ¿a quién beneficia este trabajo?, ¿quiénes trabajan?, ¿cómo lo hacen? y ¿por qué lo hacen?, y vayan añadiendo ustedes un largo etcétera, donde los que ser reclaman de esta tradición, debería hacer como Simone Weil, deberían profundizar en el modo de producción capitalistas, para todos aquellos que necesitamos vender nuestra fuerza de trabajo, para poder subsistir, haciéndolo en unas condiciones de opresión, explotación y precariedad.
 En consecuencia, la pregunta fundamental que rescata Weil de Marx, es como a partir de una determinadas condiciones materiales, como podríamos llegar a pensar en otra organización social diferente, se trata, en definitiva, de no tener una visión economicista de la relación laboral, sino lo que hay que planearse es un seria reflexión ético-política sobre los momentos que vivimos, lejos por tanto  de juicios morales de buenos y malos, sino que se trata de dar cuenta de las actuales condiciones materiales existentes en la actualidad, para ver que el trabajo obedece a una red y multiplicidad de factores, que luego se reproducen en gestos, manifestaciones de la condición obrera, como puede ser como escribimos, como hablamos, como son nuestros gestos corporales.
Seguidamente debemos decir, que como Marx, Weil consideran, que no se puede suprimir la opresión, mientras subsistan las causas que la hacen inevitable, en tanto que son esas condiciones materiales producen una determinada organización social, nunca objetivas, en tanto que la historia ha demostrado palmariamente, como han ido variando las condiciones materiales, por ello la concepción de la opresión hay que analizarla como una función social, y es aquí es donde viene las aportaciones singulares de ella, en tanto que  con una mirada y sensibilidad propia, pone en marcha una  “estética de la atención”, que  hace mucho más compleja la condición obrera, a partir de sus propia experiencias.
Y  aquí viene su singularidad trascendental, que rompe con casi el resto de la tradición marxista, en tanto que casi todas ellas, tenían el nexo común sobre  la plena correspondencia entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el camino de la liberación, o que afirman que una vez dada la liberación del hombre, en cuanto factor de producción, sería posible para él convertirse en un sujeto político; pero ella no se queda ahí, de ahí su ruptura con este pensamiento, en tanto que ella viene a sostener que no se debe pensar que las fuerzas productivas no poseen algo parecido a una virtud secreta, que haría posible la liberación de la humanidad, donde ella no ve otra cosa que mitología, en tanto que el llamado “socialismo científico” se convirtió en el monopolio de  intelectuales, con lo cual se produce algo, que el propio Marx crítico con justeza, a una cultura de especialistas, que parte de la idea del sometimiento que hace el trabajo intelectual sobre el trabajo manual, división que solo perfeccionaría la opresión en este carácter mitológico de la liberación en el desarrollo de las fuerzas productivas, esa separación radical entre las funciones de dirección y las funciones de ejecución o la clásica y bastante problemática separación entre las fuerzas intelectuales que intervienen en la producción (trabajo intelectual) y el trabajo manual no hace otra cosa que reproducir lo que el mismo Marx llamó socialismo utópico, en el sentido en el que sigue existiendo una completa subordinación de los obreros a aquellos que dirigen, que quiere decir esto, pues algo esencial, como es que se reproduce una de las esencias de la sociedad burguesa, como es poner siempre por encima las facultades de dirección, y que tiene su traslado político evidente, y que ahora andamos en plena época de ahondamiento, de esa concepción, en que solo los mejor preparados, los grandes triunfadores, son los que deben regir nuestros destinos, no solo en el trabajo, sino ocupando los aparatos del estado, tengan claro que esto último es un añadido mío, es decir, puro despotismo ilustrado.
Siguiendo su pensamiento, para comprender las causas de la opresión social, aportando nuevos registros y manifestaciones, donde a partir de sus experiencias en la fábrica Renault, donde ella se da cuenta como  los trabajadores van tomando notas de como hacer su trabajo, al tiempo que hacen reflexiones, aparte de cuentas matemáticas para calcular cual va  ser salario, donde se producen gestos, miradas, que forman parte de un trabajo monótono, rutinario, y como ahora que se ha intensificado los controles, en los procesos de trabajo, se intensifica la carga de trabajo (añadido mío), lo que lleva consigo a que los cuerpos queden agotados, en definitiva se sufre mucho, a partir de los engranajes existentes en la fabricas
 A partir de ello, ella considera  que la opresión es un nudo mucho más complejo, que habría que desatar, como una madeja de hilo revueltos, al que hay que desliar, desatar, para saber cómo el obrero se siente extraño a sí mismo, que Marx llamo alienación, pero con matices distintos, y en nuestro derecho laboral se ha llamado ajenidad, en tanto que, en el trabajador, viene a verse, que tras horas de duro y monótono trabajo, su producto, sus tareas, lo que ha hecho el, junto a otros trabajadores, no le pertenece, y como ella experimento esas cosas, deviene en comprobar que esta condición obrera, se traslada a todas sus condiciones de vida y forma de vida.
Siguiendo  este enfoque, es como Simone se plantea uno de los asuntos más espinoso de su pensamiento, en tanto que ella pretende recupera su perdida identidad, para lo cual dice que hay encontrar la necesidad del arraigo de esa persona, que encuentre su identidad obrera, recuperando, en consecuencia, una cierta “condición obrera”; y entrelazando esto, con otro aspecto de su pensamiento, en tanto que su apuesta ética y política tiene que ver más con conseguir la desubjetivación, en el sentido de abrir nuevas formas existencias, como verán esta es una cuestión ardua, como  hacer una llamada a la identidad obrera, como apostar al mismo tiempo se debe hacer una apuesta ético política, por la pérdida del sí del obrero en un proceso colectivo de trabajo.
La opresión para ella, se haría manifiesta tal extrañeza del obrero sobre sí en distintos gestos, miradas, manifestaciones, que permiten comprender que existen situaciones en las que los obreros actúan en contra de sí mismos o en contra del lugar en el que habitan: extraños a sí mismos por el ruido de una máquina, extraños a sí por el tictac de sus cuerpos en una cadena de producción o por la mirada de los otros obreros, en donde quedas tan imbuido del trabajo en común, que nos embriaga de tal  manera, a los que llevábamos la marca de la moderna esclavitud, donde te llegas a imbuir totalmente, sino que realizando seria, sostenida, ininterrumpida, que hace que tu realices una pequeña o gran transformación sobre las, y donde todos los factores del trabajo, como los elementos mecánicos, es lo que tiende a transformar, a transmutar un hombre en obrero, no es solo, en consecuencia que nos vendamos como mercancía, sino que también se debe y se tiene que complementar con esta actividad opresiva,  y si añadimos a esto la terrible monotonía, de hacer todos los días lo mismo, hacen que nuestras cadenas, en lo que tiene de brutalidad de este sistemas, donde se es sensible, a los gestos, miradas, palabras, que andan alrededor, y donde yo añado, donde tus compañeros son a mismo tiempos, los seres humanos con los que compartes más horas de tu vida, y a la vez muchos de  ellos, los más extraños a ti, donde un día puede ser un tío cojonudo, y al día siguiente el más tremendo enemigo, aspecto sobre el cual poco se ha escrito después, ese reloj que te va marcando la actividad de tu cuerpo, que van formando una secuencia ininterrumpida, de plano único, donde no solo interviene la maquinas, sino que nosotros vamos reproduciendo, en nuestros quehaceres diarios, incluso podíamos ver, que realizaríamos los mismos movimientos, de ahí que ella, y yo soy participe de esta reflexión, sobre la necesidad de repensar la opresión, desligándolo totalmente del carácter mitológico de las fuerzas productiva, sino en la expresión misma de la misma materialidad efectiva de la opresión, necesitamos ayer, como hoy, hablar de los cuerpos agotados, de la respiración del trabajo en común, el encadenamiento ininterrumpido y el tiempo de la pesadez abren distintos registros para repensar la opresión, y a la vez nos llevan a reflexionar sobre que nuevos caminos para acabar de  una vez con la marca esclavitud.

Conclusión final

En manos de ustedes lectores, queda en consecuencia que partes de los pensamientos de Weil pueden ser recogidos,  para adaptarlos a las condiciones materiales de hoy en día, donde muchos puntos apuntados, sobre la opresión del trabajador manual fueron magistralmente captados, en tanto que nos planteaba y nos plantea en la actualidad, de cómo acabar con la dicotomía entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, sustanciales para mantener el discurso emancipador, por ello no tengo, otra cosa, que recodar este pensamiento suyo, que nos viene pintiparado a los momentos actuales:

“Sólo el trabajo manual como factor de equilibrio entre el espíritu y la materia puede hacer consciente la vida, producir para el hombre su propia existencia natural, de manera que ‘la civilización más plenamente humana será aquella que tenga al trabajo manual como centro, aquella en la que el trabajo manual constituya el valor supremo’

A modo de epilogo final, una de mis reflexiones, al calor de mis experiencias vitales, y donde al hacer este artículo, he considerado conveniente, para dar cumplimiento a la cita inicial (“Hay que realizar lo posible para alcanzar lo imposible”), propongo un debate sereno y profundo, para dar un nuevo sentido al derecho laboral, que supondría la gran transformación, en tanto que la primera gran transformación, hizo que el derecho laboral traspasara el circulo virtuoso del derecho privado, pasando a tener elementos de derecho público, y donde se sigue desenvolviendo en nuestros tiempos, en ese carácter mixto, se trataría de traspasar esa naturaleza mixta, para dotarse de una autentica naturaleza publica de las relaciones laborales, puede parecer una locura, pero si leen detenidamente la presente reflexión, creo que nos lleva ineludiblemente a que no podemos ni tenemos otra salida, eso sí, para conseguir eso, hay que cambiar sustancialmente los  equilibrios de las fuerzas sociales, y para ello es necesario una organización  política, que lleve en su frontispicio las consideraciones hechas por Simone  Weil sobre el trabajo manual.

Obras de Simone Weil

Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social.
La condición obrera
Echar raíces
La gravedad y la gracia.

Todos estas obras las pueden encontrar en la editorial Trota

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