Poemas primaverales

Sin saber nadar


Mientras otros hacen,
yo solo pienso,
mientras otros descansan,
yo escribo,
deambulando contracorriente
discuten todos,
este es el malo,
aquel es el bueno,
cansado vengo
en mi vagón de metro,
donde todos debaten,
que se debe cambiar,
todos olvidándose van
de erradicar la opresión,
apoltronados andan,
Contemplando
bustos parlantes,
aprendí a nadar,
sin saber nadar,
aprendiendo a cantar,
escribiendo poemas,
sin saber nadar,
herido ya
tanta veces
de piscinas vacías.


A  las personas neutrales


Dejaros de bramar mentiras,
tracemos un campo de fútbol,
yo soy tu contrario,
mas no te quiero mal,
golpes de pechos,
diente a diente,
nos vamos quitando,
me dijeron que no juzgara,
para que no me juzguen,
yo te juzgo,
eres pernicioso
para el ser humano,
yo amo el juego limpio,
tu pretende envolver
las cosas
en papel de plata,
presumes de comprensivo,
afirmas ser imparcial,
mas solo sermones,
te vengo escuchando,
tus palabras,
repletas de buenas intenciones,
donde nos dejas paso
al infierno que vives en ti,
por eso te pido osadía,
ama, odia,
así es la vida,
haz que las tripas
se te revuelvan,
insúltame
si lo consideras conveniente,
asa dejaras ser un muerto viviente,
desaloja de tu vida
toda beatería,
ódiame,
soy tu contrario,
así sabré yo
que soy capaz
de amar, de odiar,
de vivir,
cuanto detesto la
equidistancia


Biografía breve


Recuerdos niñez tengo,
un maestro con regla en mano,
haciendo que este zurdo,
empezara a escribir
con la diestra,
a usar la cuchara
comencé también,
al menos algunas
cosas
quedaron
en la mano izquierda,
mi corazón también.
Te enseñaron a
no poner los codos
donde comía,
a limpiar los platos bien,
usando trozos de hogaza,
a poner todo 
y dejar todo
en los sitios indicados,
recoger los platos,
todo eso fue
un comienzo.
Aprender la tabla de multiplicar,
de memoria,
a base de reglazos,
Incluso hallar
la raíz cuadrada,
el latín y las catilinarias
tuve que retener,
nada queda ahora,
incluso la geografía,
so pena de cepillazo
en mi cabezón,
literatura aprendida
a base nacimientos
y fallecimientos,
y listado de sus obras,
jamás entre dedos
tuve una página,
hasta no llegar
cierta edad,
jamás pudiste
comprender el mundo.
Obligado fuiste,
a elegir
entre ciencias y letras,
pareciera que este
mal visto
que un ingeniero
sea perito en lunas,
rindiendo homenaje
a poeta excelso,
al cual se le condena
a no hacer trigonometría.
En este mundo.
Aprendes que el
negocio es negocio,
cultivarte, Un adorno
para minoría exclusivas,
Cuidado con las mujeres,
te hartaste de escuchar,
así seguimos, así vivimos,
te enamoraste,
Ocultarlo tuviste.
luego todo y todos,
me dijeron
Toño no sean tan loco,
Obediente has de ser,
antes que ser educado.
Te dijeron que no bebieras,
te bebiste hasta los mares,
te dijeron que no fumaras,
fumaste hasta las hojas de los árboles.
Estando resfriado,
te miraban mal
sí es que tosías,
y, sobre todo,
te enseñaron
a no respirar,
permanecer silencio,
te enseñan
a decir muchos noes,
antes que decir algunos síes,
por eso ya solo queda
descansar, esperar, morir.




Una historia os he de contar


Quisiera escribiros,
Una historia conocida,
algunos la recordamos,
ese viento del pueblo,
en el que perdió el pueblo,
sangre escarchada en cebolla,
esas historias
no acabadas,
no terminadas.
Cuento la historia,
de un hombre,
que permaneció,
entre nosotros,
hombre alegre,
hombre de campo,
cabrero era,
 por dar más señas,
otro niño yuntero.
Prendiendo el corazón
de una mujer hermosa,
canto y perteneció
al único pueblo,
al que se sentía p pertenecer,
un legado nos dejó,
muchos
aprendimos amar
los poetas
a través de canciones,
aprendiendo a vivir
cual pájaro libre,
que camina,
por los corazones
de personas
comprometidas.
Naciendo desamparado,
comprobando
el fatal destino
de los oprimidos,
les escribió,
les dedico
los mejores
momentos
de su vida,
sufriendo
las tres heridas:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.
Ahora muchos
le estudian,
le celebran,
se le cita,
más nos dicen,
a otras cosa
mariposa,
que son cosas
del pasado,
y sus huellas,
entre nosotros sigue,
naciendo ando
cada día,
escribiendo cada día,
muriendo cada día,
como oprimido
que soy,
sigo esperando,
que su legado
reciba la justa
recompensa
de justicia y dignidad,
debería finalizarse
algunas cosas,
para que otras comiencen
¡Qué bonita mañana
primaveral!,
donde la tristeza
es el preludio de la alegría,
del que nace, escribe y muere,
Como él,
hundiendo mi sangre,
mi corazón
en los oprimidos de este mundo.



Todos los días, leyendo periódicos


Me abalanzo sobre
la pantalla del ordenador,
en busca de las portadas,
de nuestros eximios periódicos,
desde esta pequeña habitación,
con mis ojos raídos
por el dolor.
Eres válvula de escape,
eres referencia,
para
mantener
enhiesta
mi bandera roja,
Oyendo voy
todos los ruidos del mundo,
con sus números,
que todo cuadran,
y envileciendo
al ser humano van,
Veo las prisas
de este mundo,
que nos conducen
a interminables
precipicios.
Escucho
los zumbidos del mundo,
y todos sus lamentos,
intentas escuchar,
apenas puedes
comprender,
pero intentas gritar,
en las calles
vociferan gol.
En las portadas,
Seres humanos,
amarillos,
negros,
blancos,
mestizos,
mujeres,
niños
todos con
con gestos de dolor,
que explicaciones piden,
si es que la guerra,
pudiera tenerla.
Fotos de tanques,
fotos de casas derruidas,
Un día una belleza
Una exuberante negra
Una flor y su cuerpo
le ofrece a un soldado,
que le apunta
con su fusil.
Todas sus columnas
trazan la vida a
escuadras,
bendiciendo los buenos,
maldiciendo lo males,
preguntas no se hacen,
respuestas no pueden encontrar.
Y yo,
desde aquí,
cobijado en este
 pequeño rincón,
miro hacia lo alto,
pidiendo explicaciones,
la gente encoge los hombros,
levanto la mirada cielo,
me pongo a comer,
soñar,
y tumbarme
en la cama.
A medida
que no entiendes
el mundo,
lo vas
comprendiendo.


Enséñame a ir muriendo


Y un día,
sentados los dos,
en el césped
de un parque,
te suelto
mi gran pregunta:
¿Cuéntame cómo vives?
Sólo respóndeme
como pasas tus días, tus noches,
si te carcomen los odios,
o vas lanzando
petardos alegres,
si añoras las confusas olas,
o discutiste con tu jefe,
o ya decidiste
andar
por la espuma
de las olas.
Dime tú.
Como vives,
yo solo tengo
Una habitación,
donde hago mi vida,
ven a mí,
te ofrezco mi cara,
para que tu
 me des la tuya,
dime todas tus farsas,
te diré que yo
las tengo peores,
cuéntame tus rencores,
yo cada día
me dominan más,
ojalá los dos
dejemos de lado
los estúpidos orgullos.
Dime si vas
aprendiendo a morir,
ya apenas
tenemos secretos,
siento nauseas
en este vacío mundo,
como se parece
al vacío
del extasiante placer.
Estas locuras imprevistas,
esos instantes de estar vivo,
donde la esperanza habita,
donde el vacío ahonda
tercamente
para arrabatártela.
Dime si vas
aprendiendo a morir,
como aprendes
como los sabios
a renunciar
a las ofrendas de la vida,
cómo empiezas a
tener el aura
del fugitivo,
para acabar
en la pura nada,
enséñame al fin
a quedarme tranquilo.


A quien corresponda



Me dirijo a usted,
dueño de todos
los etcéteras del señorío,
Yo, don Antonio Ruiz de Pablo,
aspirante a aprendiz de poeta,
que aquí ando,
pase lo que pase,
en esta solitaria
habitación,
leídos todos sus escritos,
le digo a usted que no,
y le diré mil veces no,
Confieso que voy
clamando mi verdad,
hechas mis palabras
a la medida
de estos torpes versos,
donde ya Don Quijote dijo;
“yo soy el señor
de deshacer entuertos”,
mas las aspas del molino,
le llevaron otra vez
al suelo,
tal vez al ser yo,
sería mejor decir
Un nosotros,
decir esto,
todo se cumplía,
todos haciendo van
guerras por su cuenta,
manera española
de quebrantar
el espinazo del adversario.
Ya solo puede decir,
que soy humilde,
que solo me queda
briznas de dignidad,
o tal vez,
no lo sé,
si tengo las dos
cosas a la vez.
Quisiera ser un
día el pueblo invencible,
suplico a vuecencia,
que no me acuse más
de ser míos
todos los males,
que ya este cincuentón ya,
tanto ruido no puede hacer,
solo a duras penas
puedo llevar en mi
mi viejo corazón herido,
para decirle que esas
explosiones
que tanto le asustan,
sólo son eso,
gritos de amor
al ser humano,
por eso te digo,
como viejo dicho
castellano,
Dios te coja confesado,
todos andan dando
el acabose,
a punto de dar al
gatillo
de mi indignación,
firmo en una tarde primaveral,
por parte de
este madrileño,
que sufre, que vive,
para decirle
con amor:
¡Déjenme ser emancipador!


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