Yo poeta, entre dos siglos

I


Este poeta debilitado,
caminando va
entre uno fallecido
en los años noventa
del siglo pasado,
deslumbrado,
cariacontecido,
apenado
por los comienzos
del siglo veintiuno,
que a los toros
acudía,
cantando
todas las
canciones golfas,
que se puedan imaginar,
en las noches locas
de un Madrid,
que orgulloso andaba
de ser lo que era,
noches de cubatas
mañanas de aguardiente,
saboreando
la impureza
de locales
que no paraban
de darme bocanadas,
creíamos que
renegábamos del Cid,
mas solo éramos
unos canallas,
descendientes
de todos los tópicos
de la madre patria,
ulceras no tengo,
apenas empino
meros vasos pequeños,
antes el mar bebía

II

Unas cosas ya son
recuerdos de
esta torpe persona,
que la vida quiso beber,
este entretejer
de palabras encadenadas
que alivian
este corazón
maltrecho.
Almas, palabras gastadas
clamando por
La emancipación
de los oprimidos de este mundo,
no sabemos apenas nada,
todo es conforme
para los poderosos
de este mundo.
Un sol cegador
ha sucumbido
nuestros sueños,
dando lugar a
las noches más oscuras,
donde espadas, petos,
guerras sin parar,
donde las lanzas
consumen
al ser humano.
Andamos sedientos
de un mundo justo,
mas el camino
no podemos encontrar,
lanzas apuntan
directamente
a nuestro corazón.

III

Ahora ya solo hay
Que rememoraciones
de un Cid,
que cabalga
a lomos de su
Babieca eterna,
una vez más
de su tumba salió,
no supimos
cerrar sus tumbas.
vamos caminando
por las duras estepas,
el destierro nuestro
cabalga de nuevo,
entre las espaldas flamígeras,
que a nuestros
 corazones
matan.
Como quema este sol,
buscando vas
el mesón
del que quieres beber,
ya solo la noche oscura,
débil candil encendido,
manos débiles
Gastan el pomo
de la puerta,
Que no se quiere abrir,
golpeas, sacudes,
aporreas, luchas,
abierta quieres ver
esa puerta.
Mágico momento
Sacude la noche,
Aparece una niña,
más bella,
que mis ojos vieron,
Engalanada va,
en purpura
morada, dorada, roja.
Sus ojos llenos
de lágrimas andan,
Con estremecida voz
me habla,
semblante
asustado,
curioso,
me dice
gracias
hermoso
ser humano,
por desencallar
esta puerta con tus golpes
ciego sol se estrella,
pasa corazón hermoso,
que el Rey nos querrá ajusticiar,
acabemos de una vez con los Cid
que nuestra esperanza mata,
el cielo nos consolará
de tanta desdicha,
para que se acaben
los tiempos de que
la sal deje de echarse
para los hombres
que la trabajan,
así será Que matemos
de por siempre
el cadáver del Cid

que asola nuestras vidas

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