Andanzas de un emancipador: reflexiones a vuela pluma de un trabajador precario
Yo apenas caminando de nuevo por la senda del desempleo, una vez agotadas mi permanencia anual en el trabajo asalariado por un periodo de seis meses, pues vuelvo a hacer las preguntas sobre los devenires de la izquierda emancipadora, y es que uno no se puede resistir en estos tiempos tan duros para todos, pero donde nos encontramos muchas que veces que el discurso dominante ha calado muy fuerte, y donde ahora pesa muchas razones para el pesimismo, pero al tiempo luces débiles, pero las suficientes para que este que les escribe, se implique en la lucha social por cambiar esta sociedad capitalista, y me siento orgulloso de decir que me vengo a reclamar de la izquierda emancipadora, en donde tantos nos silencian, en donde tantos nos ocultan, pero tengo la firma convicción que nuestras voces algún día serán escuchadas, pero para eso debemos romper con las rémoras de las últimas décadas, aun somos pocos y débiles, pero andamos dispuestos a dar la gran batalla al orden establecido.
Decir que vengo de una tradición no vale, también debo decir que en parte soy hijo de unos tiempos en que se relativizo el conflicto social, no hacer esa reflexión seria como negarse a sí mismo, pero con ser profundo este fallo mío, no es nada comparado por el abandono de lo que fue el eje vertebrador de la izquierda: la emancipación del trabajo y la transformación de la sociedad civil, acompañado también que hemos permanecido ajenos a los profundos cambios sufridos en los mercados labores, por lo tanto las elites políticas al abandonar este objetivo, se ha situado, muy a pesar mío, fuera de la sociedad civil, fuera del trabajo subordinado, en consecuencia todo esfuerzo por recuperar ese discurso, es lo que me hace mantener mi discurso emancipador, se que no es tarea fácil, más bien a veces te sientes agotado, por los muchos sinsabores, pero ya no son tiempos de desaliento, son años de muchas luchas, tenaces, arduas y llenas de sinsabores, pero ando dispuesto a ello, mi mayor orgullo será haber contribuido a mantener en pie el edificio del discurso emancipador y los cimientos del cambio social, si veo que esta lucha mía consigue eso, pues todas mis equivocaciones, todos mis sinsabores de las últimas décadas, habrán tenido algún sentido, y cuando llegue ese día, y fíjense que con poco me conformo, pero sería tan sustancial, que me sentiría orgulloso de haber participado en compañía de otros compañeros de izquierda unida en la revitalización del discurso.
Muy a pesar de muchos, el abismo que ha existido desde la transición, entre la izquierdas políticas, en todas sus tradiciones, con el universo del trabajo subordinado ha sido una de las desgracias del empobrecimiento de nuestro discurso, y de no haberse evaluado bien esa dificultad , haber captado y leído que los tremendos cambios de los procesos productivos, para que la izquierda política española capte y lea los procesos de fondo que, la mayor parte de las veces, comienzan en los procesos productivos, en las transformaciones en la relación capital-trabajo, muchos de nosotros nos reclamamos marxistas, pero nunca como en estos tiempos se ha mantenido alejado el pensamiento de Marx, nunca como en este tiempo hemos olvidado su más importante enseñanza, que la razón de fondo de esta sociedad capitalista sea así, es que nace la contradicción del trabajo subordinado, y obviar esta condición en el discurso, tanto en el reformista como en el emancipador, es la condición que nos ha llevado ante estado de postración, de postración política, de postración ideológica.
Me llevaría mucho tiempo espacio abordar en su totalidad las razones de nuestras crisis, además necesito de la compañía de otras voces, soy los suficiente modesto pasa saber que no puedo hacerme todas las preguntas, y tampoco para tener todas las respuestas, pero uno que es crítico consigo mismo, está capacitado para ver que en nuestros discursos prima más las cuestiones como la reforma del Estados, los que en otras épocas llamamos los aparatos ideológicos del Estado, es decir, y como me gusta usar esta palabra de nuevo, de la superestructura.
Y frente a ello nuestras referencias al y sustancial conflicto social que, por norma general, se expresa a través de las luchas reivindicativas del mundo del trabajo, no estoy diciendo con ello que el discurso sobre el estado, sobre la superestructura no sea relevante e importante, lo que si digo es que hemos minusvalorado, incomprendido, hemos ocultado el conflicto social, y de ahí la estampida de la clase obrera a sus casas, por eso reclamo y vendré reclamando siempre en estos momentos tan difíciles, que ya no se trata de conquistar el poder por tomarlo, debemos y tenemos que aprender que sin cambiar el trabajo subordinado en el seno del centro del trabajo, y es que debemos aspirar a que la toma del poder por parte de los emancipadores es para cambiar el trabajo, cambiar nuestras vidas, todos los demás discursos que ignoran el conflicto social será para reforma el poder, pero no serán para cambiar el trabajo, nuestras vidas.
Va siendo obvio que los resultados electorales de las elecciones europeas han supuesto una conmoción en el espacio político española, que han reflejado bien a la claras, lo que se venía gestando desde hace unos años, por una lado un profundo activismo social, de otro lado, y da pena decir, de una incapacidad ideológica digna de mejor encomio, siendo evidente que hay un enorme descontento con los que hacen gobierno, con los que hacen oposición, un gran rechazo a los modos de hacer actividad política en esta tierra desolada, un grito contra la lacerante corrupción, pero solo centrada en la elite política, nunca en la elite económica, y eso hace que los ojos que miramos no capten la esencia, los fundamentos de la corrupción.
Pero también deberíamos ver que bajo ese activismo político laten otras cosas; fluyen también por esas venas un consistente y decisivo proceso social que afecta a la manera de producir, a la forma de contratación laboral, a la “precariedad permanente”, a la reestructuración capitalista de gestión del trabajo subordinado, a los problemas que nos encontramos con la forma de relacionarse formación y empleo (tanto la instrucción pública secundaria como la universitaria), en tanto que se puede observar que por una parte una minoría ha conseguido una gran preparación en sus conocimientos, mientras otras cohortes han hecho de su desapego a la instrucción todo un símbolo; en consecuencia una labor fundamental será dirigirse a esas personas para que esa protesta contra el régimen de la transición, esos deseos de una república constituyente, que con ser importante su consecución, sino lo libramos en compañía de los instrumentos necesarios para que ese ignorado mundo del trabajo salga a la luz, y resolvamos muchos de sus retos, es hora de que nos propongamos realizar un importante esfuerzo para hacer cuadros, intelectuales y recursos de investigación práctica al mundo del trabajo, a las consecuencias de esta reconversión capitalista, y, a su vez, establecer con los sindicatos una relación más fluida y permanente que permita recibir de ese ámbito algo más que votos. Creo que tampoco les vendría mal a los nuevos sujetos políticos en ascenso “leer” más el conflicto social, ir más allá del simple discurso del “recambio de un régimen”, se trata de constatar amables lectores, que en esta lucha de clases unos nos van ganando por goleada, y necesitamos de un profundo rearme para entablar esta dura batalla.
Se observan interesantes movimientos, unos en el ámbito de una socialdemocracia deambulante, y donde el actual secretario general ha dicho que “hay que acabar con la política de devaluación salarial y fortalecer a las organizaciones sindicales y empresariales y la negociación colectiva”, que pone a la luz que el conflicto social, las luchas obreras tienen su correlato político, es decir que lo ocurre en el centro de trabajo pronto o tarde afecta a la actividad política, por eso, desde aquí constato que pese al natural regocijo con Podemos, sobre ellos pesa también el desconocimiento del mundo del trabajo, comprobamos con gran dolor que el tema de los grandes cambios productivos no les interesan, y por lo tanto no pueden explicar la profunda mutaciones operadas en el mundo del trabajo subordinado, constatamos que las luchas sociales son una parte más de los movimientos sociales contra el actual estado de cosas, para ellos prima por encima de todas las cosas el factor electoral y la ocupación del espacio electoral.
Solo en esto s últimos tiempos tenemos una fuerza política, que pese a todo hace cierta reivindicaron del derecho a un trabajo revestido con dignidad, no es todo lo que uno quisiera, pero es un inicio, y desplazar el debate interno de la ocupación del poder, para preguntarse que para que queremos el poder, es sustancial si queremos salir de este marasmo ideológico, debemos tomar el poder para cambiar la vida de la gente, para cambiar las relaciones en el ámbito del trabajo, ni más menos ese es el reto que pretendo para Izquierda Unida, y es por eso que me he implicado en Madrid con la candidatura de Lali Vaquero y de Julián Sánchez Vizcaíno, en tanto que ellos como yo no solo queremos conseguir el poder, sino que lo queremos para cambiar la vida de la gente, y sobre todo en tanto que ellos también saben del papel central que ha de jugar el centro de trabajo, no puede haber una mejor democracia si no cambiamos las relaciones laborales.
Y para terminar este esforzado artículo, quiero decirles que en todo momento he tenido presente la rememoración de una película que vi en los años setenta, se titulaba La clase obrera va al paraíso, donde se narraba como un trabajador modelo a los ojos del patrón, que a raíz de un accidente, se transforma y se convierte en un sindicalista.
Pues bien en esa película lo que subyace es la voluntad de que con esperanza se pueden conseguir pequeñas victorias, que te llenan de dignidad, expresa muy bien que había razones suficientes para tener esperanza, quizás hoy la tesitura es que necesitamos que la clase obrera no vaya el paraíso, necesitamos construir el paraíso, por eso es que te acompaño en esta primarias apreciados compañeros de lucha.
Necesitamos despojarnos de las vestiduras de igualdad ciudadana, que oculta el proyecto clásico de igualdad social y económica,, recordar hoy más que nunca que nuestra tradición impugnaba la democracia política (burguesa) porque era indiferente frente a la desigualdad social, y vemos con dolor, queridos amigos, que en las respuestas alternativas siguen anclados en el factor político institucional y su relación con los ciudadanos, no entran en el tema central de la desigualdad económica y social, así como el carácter subordinado de un ser humano a la decisiones de otra persona, que es la verdadera marca de esta sociedad capitalista injusta y negadora de los más elementales derechos en el seno del centro de trabajo, difícil y tenaz lucha, en las que se producen muchos sinsabores, pero sentarse y saber que las ganas de vencer es todo uno.
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