El viaje del primero de noviembre
Ya estábamos cercanos a ese primero noviembre, y llegaría ya el momento, de estos últimos lustros de nuestras vidas, en que mi padre y yo haríamos las ruta, camino de un pueblo de la meseta castellana; costumbre de mi padre en memoria de mis abuelos, y que yo, más bien, me era indiferente, pero como era día importante para mi padre, debía de hacerlo.
Mi progenitor, otros años, siempre iba a una floristería del barrio, eligiendo un ramo de crisantemos, con su correspondiente jarrito de agua, y fiel a una costumbre, y no pregunte el porqué, que ni yo lo pregunte nunca.
Pero este año, precisamente este año, hace unos días la empleada de la floristería me dijo: “Tu padre ha tirado la casa por la ventana, compro este años rosas blancas y dos jarrones”, gran sorpresa que ya empezó a dejarme meditabundo, pensé “diantres que le paso a mi padre”, pero al tiempo se me pasó, pensé “son cosas de mi padre…”
Y en estas ya llego el día señalado, en el que había que levantarse temprano, ya que siempre íbamos y volvíamos en el mismo día, llegando siempre a la hora de comer, no quería que mis hijos vieran a su abuelo triste, ya que para ellos mi padre era la alegría en estado puro. Así que, aún de noche, levantábamos, nos arreglamos, desayunamos en el bar, a los pies de nuestro domicilio, un café con leche con churros, no quisimos que los ruidos en la cocina despertaran al resto de la casa.
Y aun de noche, iniciamos nuestro viaje de ida al pueblo de mis abuelos, el pueblo donde también nació mi padre, el pueblo donde el verano pasaba yo las vacaciones escolares, jugando, enredando en los largos día de verano, en los que parece que el día nunca va a acabar. Y siempre estos días me daba cuenta, que debido al cambio de hora, esos instantes del día, era la hora del rocío, y fiel a su costumbre, mi padre diría “cuidado con el piso de la carretera, andará mojado”, y al tiempo que iba liando su cigarrillo de tabaco para él y para mí, y sonando de fondo las canciones de Serrat y de Cohen, al que mi padre reverenciaba a partes iguales, y me contaba con orgullo siempre el detalle de que la hija se llamaba Lorca, y cuando pronunciaba Lorca se le iluminaba la cara siempre, siempre, siempre.
A esas horas tan tempranas, la carretera iba limpia del todo de circulación, pero había que ir con algo cuidado, las gotas del rocío habían empapado el asfalto, pero sin problemas ya llegamos a nuestro destino, divisando primeramente las lomas que rodeaban el pueblo, y al doblar una curva entrabamos ya en el pueblo, y siempre me daba una pena enorme, ver lo que fue en tiempos, y lo que ahora era, casi vacío de gente, habitado entre semana por unas pocas personas mayores, y algunos hijos de los lugareños iban algunos fines de semana o vacaciones; esas casas, esas calles evocaban los días de vacaciones que pase correteando, al cuidado de mis abuelos, mientras mis padres trabajaban en Madrid, pequeños recuerdos de una niñez, en que el pueblo ya dio los últimos estertores de un tiempo que ya no volvería jamás..
Aparcamos el coche, junto a la pared de piedras del cementerio, algunas partes ya derrumbadas, víctima de ese abandono en que se ha sumido las grandes extensiones castellanas; abrimos la puerta oxidada de hierro, y oímos ese crujido característico de las puertas oxidadas, y así fuimos caminando a paso lento, por un caminito, que ya no era camino ni nada, la maleza ya había avanzado mucho, casi hasta desaparecer el camino…
Y por fin llegamos a la tumba de mis abuelos, y como siempre no estaban los jarrones del año anterior; y fiel a su costumbre, creía que iba a echar un rezo de rigor, pero a los primeros balbuceo, me di cuenta que su rezo, iba a ser una plegaría:
- “Siempre acudo a vuestra presencia en estas fecha, y acudo a vosotros en este día, en recuerdo de esos momentos buenos y malos que pasamos juntos, y que ha hecho que con vosotros he pasado muchos de los momentos más hermosos de mi vida, siempre estuvisteis a mi lado, en mis días de tribulaciones, cuando más lo necesite en mi vida, ahí estuvisteis vosotros, sin ningún reproche, bastaba con una miradas de vuestros ojos para ver cuánto amor me teníais, y al tiempo me di cuenta de eso, que el amor es eso, estar ahí para sentir el cariño, la compañía, el calor de vuestros corazones para arroparme en esos momentos, y os quiero decir que hoy será mi última visita a vuestra tumba, por eso he traído estos dos jarrones en vuestra memoria, y para agradeceros de nuevo cuan feliz me siento cuando os recuerdo, incluso cuando escucho las pocas broncas que tuve con vosotros, éstas se han tornado en alegres recuerdos, fijaros bien en cómo es la vida; y es por eso que no he traído crisantemos a vuestra tumba, he traído rosas blancas en memoria de la pureza de vuestros corazones, me despido de vosotros en este lugar, y es que ya ando de camino para que nuestros corazones se junten donde quiera que estéis , y no os digo que vuestras almas descansen en paz, y es que sé que descansen en paz, y ruego que me acojáis en vuestro seno para yo encontrar la paz, contigo padre para seguir leyendo los periódicos, y hablar de lo mal que anda el mundo, y contigo madre para echar algún que otro julepe. Tendremos toda una vida para ello”.
Fijaros bien en mi cara de sorpresa al escuchar las palabras de mi padre, unas suaves lagrimas recorrieron mis mejillas, y ese silencio atronador que te invade, cuando no escuchas nada más que los latidos de tu corazón, ya sabía yo que en el camino de vuelta, tomaríamos el vino de rigor en una mesa de un bar de carretera, y me diría la motivación de esa jaculatoria.
De regreso de camino al pueblo, y ya en la provincia de Madrid, paramos en uno de los bares de camioneros, situado en los márgenes de la autovía, a mi padre le gustaban esos bares, comida copiosa y buen vino, y uno de los camareros veteranos, nos reconoció, y ni hizo falta que pidiéramos, inmediatamente nos sentamos en la mesa…Y mi padre me miró fijamente al cara, miro a mi cara, y dijo “ ¿estas confundido aún por lo que he hecho, verdad?, asintiendo afirmativamente con mi cabeza. Y suavemente, con esa forma de hablar mi padre, tan suave, es como si las palabras no eran las de un torrente caudaloso, eran más bien cuando los ríos surcan por los meandros de una altiplanicie. Y con esa delicadeza fue diciéndome los últimos avatares de su vida, pero en mi memoria se han quedado grabado estos dos párrafos de su alocución
- “Te habrás preguntado por la plegaria que he hecho hoy, todo tiene un motivo hijo…, y ahora viene mi explicación, te la debo, pero comprenderás, sabiendo como soy, que primero les dijera a ellos; pues bien el motivo es que en la revisión anual que me hago todos los años en septiembre, ya me dieron en octubre los resultados, y me han diagnosticado un cáncer de pulmón en metástasis, no quiero que llores, ya he vivido muchos años, y con mis rachas buenas, con mis rachas malas, pero me he sentido querido, me he sentido mimado por todos los que me han rodeado, he vivido momentos de ilusión, he vivido el desmoronamiento de una moda de vivir, de una manera relacionarse, pero quiero que recuerdes a tus hijos, a mis hermosos nietos que la alegría y la lucha es que les pueda sacar del marasmo del mundo de hoy, y que aprendan de nuestros errores, para que tu no sufras como estas sufriendo sus consecuencias, te están tocando vivir tiempos muy duros, en el fondo me considero un privilegiado en comparación contigo, pero que sepas que nosotros las pasamos jodido, nadie en este mundo de locos te regala nada, así que transmítelo eso hijos: Alegría, ganas de luchar por un mundo mejor, y respeto mucho respeto al gente que sobrevive en este mundo, aunque hagan y diga cosas que a ellos no les gusta”.
- “A ti en personalmente te tengo que decir, que ya me he dado cuenta que las cosas no van bien con tu esposa ( mi cara de sorpresa fue total, no sé ni cómo se dio cuenta, hemos sido muy cautos en eso mi esposa y yo, pero al tiempo me acorde de las palabras de mi madre antes de morir “cuidado con tu padre, él posee un sexto sentido, se lo ha regalado Dios”), así que te voy a decir esto, reflexiona hijo sobre los momentos buenos y malos que hayas tenido con ella, mete los buenos momentos en un tarro, lo guardas en el armario del corazón. Luego a los pocos días abres ese tarro, aspiras suavemente y si ves que te llenan el corazón de nuevo de felicidad, sigue con ella, si ves que eso ya no te llena el corazón, es que ya llego el momento irremediable de vuestra separación, pero hazme eso por favor, el amor verdadero es que se extiende mucho en el tiempo, no lo olvides”.
- “Te recuerdo hijo, que los comienzos con tu madre no fueron buenos, el peso de mi pareja, pesaba mucho en mí, pero juntos superamos todas las circunstancias, todos nuestros malos momentos, y es eso que el deseo de convivir en el tiempo, amándose, respetándose, perdonar los fallos, deseos de convivir conjuntos, de querer y desear que una relación se mantenga en el tiempo, es lo que sienta las bases del amor verdadero”.
- “Ah después de navidades, me marchare de vacaciones “oficialmente”, pero iré al pueblo, allá quiero pasar mis últimos días de mi vida, escribiendo notas, acomodaré una de las habitaciones, para que mis nietos crean que ando en hoteles, y es que no quiero que mis bellos nietos vean como su abuelo se va deteriorando a sus ojos, quiero que conserven el recuerdo de un abuelo jovial…”
Estos recuerdos me llegan, y en presencia de mi esposa, las estamos redactando treinta años después de su muerte placida en su pueblo, y me sigo emocionando con el recuerdo de ese hermoso primero de noviembre, que tan duro fue, pero a la vez tan hermoso
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