El avión de mi vida
Mientras me secaba, recién salido de la ducha, empecé a cavilar sobre lo que aquel día iba a suceder…., así es que cuide hasta el último detalle de mi aspecto, quería estas bello y hermoso. Me rasure con sumo cuidado, para no darme esos horrorosos cortes que me doy a diario, me enjuagué la boca y elegí el mejor perfume, guardado durante tantos años, para tener esa cita especial que tanto deseaba tener.
Así es, aquel día no iba a ser cualquier día, como esos días monótonos de oficina, aquella era la noche soñada durante tantos meses: estaba en la habitación de aquel hotel, esperando mi primer encuentro con la mujer que amaba.
Nunca creía que aquello fuera a ocurrir, que hiciese ese viaje tan largo, pero después de tantos años, pero ese viaje era algo más que viaje, era el recomienzo de una nueva vida, las sensaciones en ese viaje en avión, era un continuo ir y venir de imágenes, deseos de una vida mejor, que me iba a llegar.
Fueron largos meses, ahora me parecen eternos, de charlas en el MSN, de miradas por la cámara, de continuos regalos, hasta que pude derribar el muro construido en su soledad. De día sí, de día también, de mandarle canciones, de escribirle poemas, de escribirle cartas, de decirle que la vida era bella para mí, y que sería hermosa para ella, ese viaje era una viaje de ida, pero ya solo en un dirección.
Una vez derribado ese muro, ya nuestros corazones empezaron a palpitar con fuerza, camino de una vida mejor para los dos. Ese viaje sería el que rompiera (al fin, por fin) imágenes idealizadas y mágicas del uno y del otro, podría ser que aquello se disolviera en la vivencia real, pero los latidos de mi corazón ya iban diciendo que esa era la última barrera a derribar, pero mi decisión era firme, sabía que la vida ya no me daría más oportunidades como aquella. Y por eso te escribía este poema en la sala de aeropuerto, y que para ti fuera las horas más breves de la vida, sabiendo que el amor corría a tu lado para quedarse para siempre en tu vida.
Amores de colores, de todos los matices
de la fulgurosa luminosidad
blanco de paz, blanco de sabana recién lavada.
Albores transmutados en constante progresión,
provocando emociones,
juntadas tu alma con la mía,
en permanente harmonía.
Sonidos recorren mi cerebro,
con los ecos de tu nombre,
a ritmos intensos, cada vez
que el reloj avanza
hacia la hora de la salida.
¡Ay amor!, eses sonido
me conquista y me empapa
en mares de calores
que a mi denuedo perturba.
Tu cuerpo sabe a agua pura;
a almíbar delicado y aguamiel;
fragancias de ternura,
con olor a romero y
Eres la cera la vela que quema mi corazón,
que me estimula y que me arde,
que derrite mi alma,
percepción de armonía y creación
del tacto de la piel que añoro,
leve como la tela,
palpitando hasta el rincón
más profundo de mi ser.
Y como tu ser quiero que me reciba,
aliento de vida de mi alma viva,
siento la vida, siento que siento
el olor de tu amor
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