Manifiesto por las emociones

Algunos, ya muchos, nos vienen hablando continuamente y machaconamente de una literatura sana, de un cine sana, pero cual serían, es evidente que mucha literatura nos libera energías, y de otra que nos casusa más tensión hasta aumentar nuestros grados de angustia, pero como soy un ser que va caminando por el difícil alambre de la vida, ya me voy a haciendo muchas preguntas, y algunas de ellas dedicare esta reflexión, pero lo les garantizo, que al final de estas líneas se encuentren debidamente cumplimentados, lo más seguro es que piensen ustedes, ¡ vaya manera de perder el tiempo que tiene este hombre!
En estos últimos años, y sobre todo cada vez más lejos de una juventud ensoñadora, te vas dando cuenta que esta civilización del darwinismo social, este mundo solo se reserva a los ganadores, a los emprendedores, es como si a esta civilización haya dejado de lado el mundo de las emociones, y viniendo a parar en un hecho que nos acontece en la vida diaria.
Se imaginan ustedes unos panfletos de un gobierno, que estando en guerra contra otro país, que animara a sus soldados a sentir misericordia por su enemigo, observen ustedes bien el cambio de palabra, lo que en periodos de paz es un adversario, en tiempos de guerra se convierte en enemigo. Se imagina a un maltratador que va a causar la muerte de su esposa, piense en el dolor que le puede causar. O que un inversionista, una vez que ha capturado una manzana de edificios, se mostrase compasivo con una anciana, que quiere morir en su casa. Pero con estos ejemplos, que he dado, me dirán ustedes que esos hombres tienen emociones, cierto es, no cabe duda, pero lo que vemos hoy en día es que esta civilización anestesia cualquier tipo de emoción, es como si para el grado de desarrollo humano, de cara al futuro, debe desprenderse de todo grado de emoción, y eso porque la emoción no es mesurable, pero lo que si vemos es que si esa emoción genera actividad en la vida real, ahí esta dispuesto el capitalismo para mercantilizarlo.
Pero ahí están las emociones, que van resistiendo como pueden, está visto que nadie puede abolirlas, eso sí esta gran sociedad, tan civilizada ella, tan educada ella, le ha pegado un buen mordisco, las ha cubierto con un manto de indiferencia, eso sí le ha puesto una gran barrera, a tanto de marcarlas a fuego, de no prestarlas atención, ha conseguido cauterizarlas dentro de nuestro corazones, dentro de nuestros pensamientos, y si ustedes no me creen, miren alrededor suyo, miren en su centro de trabajo, miren cuando estén guardando las inevitables colas en las colas de los bancos, de los supermercados, solo osamos a enfadarnos con una especie fustigada, esos son los funcionarios, en la edad media europea fueron las brujas, los judíos, ahora lo son los funcionarios.
Para ello esta sociedad ha realizado una profunda modificación de nuestros valores, nuestros patrones de pensamiento, ahora una actitud sana es la competencia, si en otras etapas de la historia la solidaridad fue indispensable para garantizar la supervivencia, ahora se trata de sobrevivir haciendo a un lado la solidaridad, es lo natural según sus grandes pensadores, según sus grandes voceros, cada vez más gritones, cada vez más orgullosos de su labor en pos de civilizar a todo el orbe.
Vamos a poner en evidencia ahora esto con un caso práctico, algo que ustedes pueden comprobar fácilmente en su centro de trabajo. Ustedes habrán visto, con variedad de formas posibles, dependiendo de las tareas que realizas. Siempre nos encontramos con compañeros, nos encontramos al hombre que llega a su hora, que se vanagloria de que sabe mejor que nadie hacer su trabajo, que empieza y termina las cosas antes que nadie, y eso le hace creerse el mejor. Y a continuación, analizando las aristas de los comportamientos de sus compañeros, los va laminando, devalúa los logros que van realizando los demás. Así se abren paso en este mundo, del sálvese quien pueda, son los predestinados a ocupar el puestos de responsabilidad de los pequeños grupos, que pululamos en un centro de trabajo, pero luego llega analizando meticulosamente su labor, nos damos cuenta del enorme caos que producen, uno se va casa pensando siempre, esta organización es desastrosa, pero no raramente damos un paso, que deberíamos analizar con profundidad, no saben dirigir un colectivo al no reconocer que nuestros procesos de trabajo son colectivos, no quiero extenderme más, e así que quiero centrarme en lo que esta sociedad repercute en nuestras emociones.
Prosigamos entonces con la conducta de ese hombre al cargo de un pequeño grupo de hombres, uno de los rasgos fundamentales para que tal evento se produzca, en sintonía perfecto que este tipo de organización requiere, estos actos exigen una desconexión emotiva con los compañeros de trabajo, en ellos se produce esa metástasis , de convertirse todo en el en pura apariencia, esas sonrisas “profident” que tanto pasmo nos causa; esa conciencia de superioridad con la desconexión emotiva consiguen que ese jefe sea un buen jefe para los que detentan el auténtico poder real.
Esta razón de ser de las autoridades de la empresa, va a traer de la mano una de las enfermedades simbólicas del capitalismo, y ustedes se estarán preguntando cual es, es la más evidente, la más palmaria, es el estrés, en tanto que considero que dicha enfermedad, es un mecanismo de defensa, una autoafirmación de nuestro yo más íntimo, es cuando como una defensa, cuando en nuestra vida laboral intentamos hacer frente al jefe, que cada uno tiene, es cuando tu interior te dice ¡leches.. le tienes que cantar las cuarenta a ese chiquilicuatre!, y ustedes me indicarán en buena lógica, atrévase usted a hacerlo, pero todos los que estamos inmersos en estos procesos y sabemos de lo que hablamos.
Desafortunadamente, contra nuestros pensamientos más íntimos, sabemos que estos jefes atentan gravemente contra nuestra dignidad, nos vemos incapaces de cerrar una planta nuclear, no podemos detener una guerra, ni siquiera en aquellos trabajos en que se te va humillando constantemente, suavemente y dulcemente, y te arrinconas en tu intimidad, sufriendo, llorando, maldiciendo esta vida, en tanto que sabes que si te enfrentas tu sostén económico desaparecerá por ensalmo, entonces vas generando un proceso emotivo de signo contrario, para no involucrarte emotivamente en ese proceso, te aíslas, así el objetivo queda cumplido, eres un individuo aislado, en la que vas creyendo que tú no eres tú en el centro de trabajo, pero sigues siendo tú, aunque ya te encuentres fuera de tu centro de trabajo.
Ustedes creerán, que me voy a centrar en la forma del lucha en el centro de trabajo, pero no tengo ni las dotes ni las sabidurías para indicar cuales son los métodos de lucha contra ella, ahora solo quiero centrarme en esos largo periodos en que me voy encontrando en paro, o cuando salgo de mi centro de trabajo, ahora quiero hacer un experimento para superar todas crisis que me van asolando en estos duros años de la precariedad y el cansancio.
Pero echemos una vista breve hacia atrás, y que a lo mejor nos puede sacar de muchos de nuestros actuales atolladeros, y fíjense ustedes que creo que lo he encontrado, en estos momentos duros de una prolongada estancia en las filas del paro.
En estos momentos, cuando uno quiere gritar su desdicha, y la soledad, la dura soledad te hace eco, cuando no vas encontrando sentido a tu vida, siente la urgencia de encontrar un sonido, un ritmo, una palabra que lo conecten nuevamente a esa vida, que tanto ansias disfrutar, es como si estoy sintiendo en estos últimos tiempos que la palabra, la escritura de estas líneas, establece unos puentes entre la memoria de tiempos pasados y los actuales, y como un vehículo del dolor que me viene afligiendo estos tiempos, en que tantas decisiones importantes debo tomar.
Me encuentro a gusto con esa imagen, en que la mitología dio paso a la literatura, aunque aún no me siento literato, percibo que la literatura se ha convertido en algo más que la comunicación de un escritor con su lector (eso es lo que algunos pretenden, convertir también esto en un acto aislado), es un vínculo de la memoria, te ayuda a confrontar con tus propias debilidades y deseos, del que necesariamente salen una serie de voces, venidas de lo más profundo de la conciencia colectiva, para mí la lectura se ha convertido en encontrar amigos que he ido perdiendo y aproximarme a otras personas, en las que percibo que pueden dar un nuevo rumbo a mi vida.
A todo esto quisiera incidir en una cuestión, que me ha empezado a asaltar durante todos estos tiempos, es el poder de la palabra, para lo bueno y para lo malo, como vínculo esencial con la realidad, y con el Otro, la palabra nos sirve tanto para zaherir a una persona, como para establecer vínculos afectivos con otra persona, como decíamos anteriormente la palabra se convierte en nuestro soporte colectivo.
Veamos ahora en qué manera la palabra es utilizada por el poder, nos daremos cuenta enseguida que las elites gobernantes la utilizan para difamar, insultar, manipular, enmascarar; es todo un proceso que para nada refleja la realidad, veamos si no esos reaccionarios de tomo y lomo, que a fuerza de decirse liberales, mas envenenan el concepto de libertad, efluye de su lenguaje su carácter de imposición, me refiero cuando de sus palabras, de sus formas de decirlas, nos recorre un sudor frio, no hace más traslucir su carácter vengativo, de imponer todo una forma de vivir a golpe de Biblia, y es evidente que las próximas décadas de este milenio van a ser una de las más espectaculares batallas entre la barbarie y la libertad.
Como signo de esta pérdida de sentido de la sociedad, una de sus expresiones la encontramos en cuando uno empeñaba su palabra en conseguir un objetivo, o establecer un pacto con otra persona, uno podía confiar en ese hombre, sabíamos que pasara lo que pasara haría todo lo posible por cumplir con lo prometido. Ahora toda esa costumbre, tan normal hasta hace unas décadas, parece tan lejana como la noche de los tiempos, ahora ha sustituido por un montón de legajos farragosos, y eso ha ocurrido ante nuestros ojos, sin apenas darnos cuenta, y todos imaginamos a que es debido, la desconfianza entre unos y otros están alcanzando niveles insospechados, e imagino que irá en aumento.
Esa sensación de abandono de la palabra, se manifiesta también en la última crisis económica, repasen ustedes detenidamente las declaraciones de Obama, de Sarkozy, de Merkel, de Berlusconi, de nuestro Zapatero, repasen las declaraciones de los gobernadores de los bancos centrales, de los distintos medios de comunicación, y les lanzo un pensamiento aterrador, cual de ustedes, mininamente informado, todo en nosotros suposiciones, me puede decir cuáles han sido las espoletas de la crisis, cual han sido las causas, eso sí de remedios ( y siempre los mismos) hablamos mucho. Uno puede ser una ideología conservador o progresista, y tener opiniones diferentes sobre las causas de la crisis, pero nadie ha sido capaz de poner blanco sobre negro, y lanzo la siguiente pregunta, nuestros bancos son gigantes sobre pies de barro, en este lenguaje tan intrincado es usted capaz de averiguarlo.
Esta digresión se debe uno percibe la siguiente sensación, de que las palabras han perdido su vínculo con la realidad, es como una orgía de la desconexión, de autoafirmación de la banalidad, a la espectáculo por el espectáculo, a salvo de algunas series, eso sí encaminadas para minorías, y fuera del circulo de circuitos generales y mayoritarios de la sociedad. Los discursos del poder, de los medios de comunicación me traen de mi baúl de los recuerdos las películas de Cantinflas, las recuerdan ustedes, yo en imágenes borrosas, pero me calaron aquellos discursos tan extensos, en los que no comprendías nada de lo que quería hacer, hablan por que tienen que hablar, fíjense que les cuesta hasta hablar, dicen cosas por decir; utilizan y buscan palabras ambiguas, para que la hora de ofrecer balances se puedan ir sin dar cuenta de sus responsabilidades. Y cuales son las reacciones de los grandes comunicadores ante estos hechos, pues coger el rábano por las hojas. Y ahora vamos por esos grandes vehículos de la información, uno a nada que profundice, vemos en los noticiarios, podemos decir que a grandes rasgos, tienen tres apartados diferenciados, uno podría girar en torno a las elites dirigentes, otro apartado sería de sucesos, y el tercer apartado son los deportes, pero si algún desastre natural o atentado terrorista, accidente con gran numero muertes, el bloque sobre las elites gobernantes desaparecen, todo es un claro síntoma, y dejemos de lado de lado los programas de evasión, más bien centrémonos en los programas tipo magazine, podemos ser benignos, y hacer notar que se nota una tendencia a noticias sensacionalistas, o unas declaraciones gruesas de algún político, con comentaristas que utilizan el tono grueso, y que van circulando de unas cadenas a otras en busca del que mejor les pague esa temporada, y van afianzándose cada vez aquel comentarista, que hace honor al repelente niño Vicente, que todo lo sabe, y que tiene un enojo considerable, vienen investidos de un cierto carisma religioso, de poseedores de la verdad, de ser seres superiores, la profecía ha sido cumplido, lo importante es la noticia, no la el hecho en sí mismo, en tales condiciones compruebo que la palabra se ha convertido en una inyección letal, sin provocarnos la muerte, pero con efectos devastadores para percibir la realidad.
Y ante tales sucesos de desconexión de la palabra con la realidad, ante este átomo de ser humano, que es el que está escribiendo estas líneas, en la que pesan sobre mis muchos desgarros, de que pretendo escribir, si escribiré sobre sus sucesos trágicos, o alguna vez hare alguna comedia, de una escritura “culta” o “popular”, todos son dudas en mi manera de enfrentarse con tal trascendencia, me conformaría con ser memoria de uno mismo, de reflejar los años de la dura posguerra, que la conozco a partir de las vivencia de mi padre, de los recuerdos de una niñez, que lejos de elucubraciones soñadoras, lejos de esa visión amansada de la niñez, como la etapa más feliz de un individuo, de una adolescencia prometedora e ilusionante ( y a la vez trágica), de una experiencia laboral, la primera cohorte de la temporalidad y la precariedad laboral, de una madurez angustiante, de pura supervivencia material, pero enriquecedora en lo emocional, me siento más hombre de lo que jamás he sido. De ese cumulo de experiencias, que clase de escritos puedo hacer, todo son dudas en mí.
Quiero huir de esa forma escribir, en el que el escritor se permite considerar como un ser superior, destinado a un selecto grupo de personas, en los que la gran mayoría se sienten alejados de esos escritos tan de élite, es como si sometiesen al lector a un ejercicio de poder, me gusta ser valorado, apreciado, comprensible para la gran mayoría de la gente, no quiero escribir para que un crítico me diga que soy un gran escritor, quiero que la gente me lea, para que mis recuerdos sean reconocibles, e definitiva sea una parte de su memoria colectiva.
De mis lecturas, recuerdo con simpatía la novela de Umberto Eco El Nombre de la Rosa, se establece un apunte que siempre he reconocido alentador, esa lucha del fraile por no revelar el gran valor de la comedia, en tanto que le negaba como fuente del conocimiento, ese continuo y pertinaz lucha, desde todo tipo de poder, para ello siempre ha despreciado, ha descalificado la risa, al no considerarla como una cosa “seria”, para ellos la comedia no debe ocupar un lugar relevante en el escalafón de la literatura, y si incluso añadimos el llanto, nos encontramos con ese género fantástico que es el melodrama, quizás el género más despreciado por las élites, una apuesta clara para acercarse a los sentimientos y las emociones, es la apuesta más clara por el compromiso en este mundo donde lo fatuo ha sido consagrado en loor de multitudes.
Existen mecanismos sociales que ejercen una fuerte oposición a los mecanismos emocionales, se les mira con sospecha, con recelo, se le considera un género inferior, se les achaca ser resortes fáciles, impregnados de una emotividad barata, que no son escritos serios, que adolecen de falta de intelectualidad, quizás existan obras que padezcan de tales circunstancias, pero también veo que descalificar todo un género literario en su totalidad es un precio, que parece más bien una mera alabanza del poder realmente existente en estos momentos.
Y ahí es donde quería caminar en este escrito, y es donde más a gusto me quisiera asentarme, es un vehículo y capacidad de adentrarse en la sensibilidad del ser humano, es un gran medio de vencer los temores racionales e irracionales, que la propia realidad nos atenaza, es un medio para conocernos a nosotros mismo y de hacer que los problemas de los demás sean hechos problemas de uno mismo, en definitiva es un vehículo fantástico de construir memoria colectiva.
Si uno observa en su derredor, tanto en los cineastas como los escritores, la intención primigenia es que su cine o sus libros sean apreciados y reconocidos, así de esta forma sale a la luz todo un caudal de conocimientos y emociones circulan. Pero por una extraña razón va a ocurrir un mecanismo social de gran importancia, es que la gente, los lectores y los que van al cine, van en busca de una conexión con s sus memorias, sus recuerdos, sus vivencias, con sus orígenes, y de esta manera si no encuentra ese vínculo colectivo rechaza esa película o ese libro. Pero como vivimos en el mundo que vivimos, y al encontramos en la era de la desconexión, para sentirse superiores, tratan de devaluar a esos escritores, es el juego continuo de la vida de esa manida frase, de que si me rechazas, te rechazaré, en la que tanto lectores, espectadores, cineastas y escritores nos encontramos involucrados, y del que todos salimos perjudicados.
Y ahí es donde quisiera hacer una reflexión, de este manifiesto que estoy realizando, es evidente que siga habiendo libros y películas elitistas, pero si con nuestra escritura, con nuestro cine, queremos hacer una ligadura colectiva, esa magia de identificarse con un personaje con el cual identificarse, tanto sentimental como emocionalmente. Es así que si una manera insensible de experimentar la realidad, le impide identificarse con los personajes, es difícil entonces que esa novela traspase esos círculos iniciales, y como uno va se va manejando entras las mareas de la vida, es que todos los géneros literarios y cinematográficos necesitan provocar, con su materia prima, que reaccione y se produzca la conexión. Yo soy un gran aficionado al género documental, tanto en cine como en televisión, así que lo lógico, siguiendo las pautas de muchos críticos, de muchos escritores, de muchos cineastas, es que me gustaran las películas de guerras, de matanzas, de destrucción de la naturaleza, y un largo etcétera de sucesos de nuestras vidas, tanto percibidos desde nuestro exterior como nuestro interior; y esto a uno le obliga a uno preguntarse, cual es el camino que debo recorrer para producir la emoción.
Y creo que he encontrado algo para explicar ese mecanismo, y lo encontramos recientemente en ese cineasta, mejor dicho el último gran cineasta, Clint Eastwood, el gran mago de la emociones en el cine, y necesito destacar su película El Gran Torino, y son varias las lecturas que podemos sacar muchas grandes lecciones de esa película, siempre dicen que las películas deben tener un final feliz, entonces a este final como lo podemos calificar, si consideramos que la muerte no es un hecho feliz. También se hace evidente que es una película sobre el racismo, y de la que podemos sacar otra conclusión de la película, que ha hecho un gran labor en pos del antirracismo, quizás ha calado más que la gran mayoría de las campañas antirracistas, de las organizaciones que combaten el racismo. Podíamos seguir hablando más de esta película, pero quiero acabar señalándoles, que el gran secreto de esa película, de que un americano medio, con todos los tópicos incluidos, es que nos va emocionando, vemos que la vida va pasando, y como esa vida, ese viaje del individuo y la realidad, es un viaje de ida y vuelta, por eso es notable que la gente que haya acudido a verla, así que ninguna batalla está perdida de antemano, y así creo que podía ser estudiada con gran interés por los cineastas españoles, necesitamos que nos emocionen con historias que tenga un principio y un fin, sería el mecanismo ideal de restablecer una conciencia colectiva.
Vayamos concluyendo con este manifiesto, cualquier que se presta a hacer un libro, es proporcionar un momento de felicidad, y es así vamos surcando por la vida, notamos que dependemos de la felicidad de otros y la de la felicidad que proporcionamos a otros. Cuando uno se encamina a aliviar el dolor de otro, ese acto es un momento culmen de felicidad para nosotros mismo, por decirlo de alguna manera más sencilla y menos intrincada, cuando trascendemos de nuestra individualidad, encontramos felicidad, de esa manera las huellas dactilares cerebrales se forman a partir de hechos colectivos, que trascienden nuestra individualidad, nuestras imágenes y recuerdos son las interconexiones que nos dan vida.
De esta manera entiendo que la vida no es, ni más ni menos, que un cúmulo de recuerdos, imágenes, risas, lagrimas, y es así que vamos tomando conciencia de lo que somos. Y es por eso, que me gusta vivir la vida.
A pesar de mis muchos momentos de sufrimiento, de tristeza, de noches casi en vela, de esa soledad en la que caigo, es cuando comienzas a escuchar en tu interior una voz, callada, casi no más que un aullido inaudible, en un mundo como en el nuestro, en el que se le niega el derecho a afirmarse.
En esos momentos que sientes que el mundo queda fuera, en ese momento que somos inactivos, descubrimos que lo que nos mantiene con vida, no es el recuerdo del piso comprado o heredado, ni del tiempo que estamos en las oficinas de organismos públicos o privados, lo que nos mantiene en pie, es charlar con un amigo para decirle lo mucho que supone para nosotros, encontrarse con un viejo amigo perdido, estar en compañía de otras personas partiéndose de risas, estar en las playa contemplando la caída de unas estrellas fugaces, besar a la mujer amada. Tampoco me quiero olvidar de cuando enseñas a leer y escribir a una persona, y al cabo del tiempo, encuentras una carta de agradecimiento de esa persona, cuando has conseguido en compañía de otros compañeros de trabajo mejores condiciones de trabajo, son las huellas dactilares que la vida nos va proporcionando.
Y sé que cuando me vaya de este mundo, estas huellas que la vida me ha proporcionado será mi dulce acompañamiento, por eso manifiesto que la lucha de mis próximos años será una lucha por la reconexión, por mantener esos halitos de memoria colectiva, que nos compensan nuestro momentos más duros, en un recoveco que hoy creemos que es angosto, pero que a lo mejor manteniendo la llama de la esperanza, algún día la contemplaremos como el comienzo de algo muy hermoso para mí, para ti, para la humanidad.

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